La Junta Electoral fue categórica. El independentismo puede colgar lazos amarillos en sus locales pero no en las instituciones que son de todos. La imposición de sus símbolos transgrede las reglas de juego que rigen los procesos electorales. El separatismo pretende vestir de libertad lo que vulnera los derechos de sus rivales políticos. Una forma obscena de usar las instituciones para hacer campaña y concurrir dopados a las elecciones.

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