Ni diésel ni gasolina y tampoco híbridos: en el 2040 no podrán venderse coches que consuman combustibles fósiles. No es una propuesta demasiado atrevida habida cuenta de que el propio sector de la automoción trabaja ya con la idea de adaptar sus cadenas de montaje a la producción exclusiva de motores eléctricos en torno al 2030. Una revolución necesaria para mejorar el aire en las grandes ciudades y conjurar en lo posible el efecto invernadero. Hay mucho por hacer y cuanto antes lo hagamos será mejor.

Información relacionada