Es obvio que la candidatura de Pilar Baeza a la alcaldía de Ávila no pasó inadvertida. El debate que abre el que alguien condenado por asesinato encabece una lista de Podemos tiene múltiples facetas y alguna de ellas muy polémica. Con la ley en la mano, no es cuestionable el que a la señora Baeza le asiste el pleno derecho de concurrir a cualquier proceso electoral, ella cumplió condena y al hacerlo pasó a ser, en términos legales, un ciudadano más. Nada indica tampoco que en las tres décadas transcurridas desde que salió de prisión su comportamiento hubiere contravenido la reinserción social que la Constitución contempla como objeto final de la acción penitenciaria. El que nada de esto sea discutible no evita, sin embargo, la controversia sobre la conveniencia de que una persona con semejante pasado, por lejano que sea, resulte idónea para ostentar un cargo público.

Podemos se enteró del punto terrible de su currículo cuando ya había sido elegida en primarias y todo indica que decidieron tragárselo por entender que el haber participado de forma activa en aquel crimen, lejos de ser una rémora, podría resultar un acicate electoral. Así se deduce de las explicaciones ofrecidas por el secretario general de la formación morada en Castilla y León, Pablo Fernández, cuando afirmaba que Baeza "había pagado con creces su deuda con la sociedad". Una aseveración algo atrevida si tenemos en cuenta que la condena a Baeza fue de 30 años y solo cumplió siete en prisión.

Siete años entre rejas por una vida humana no parece mucho pagar. Era la vida de un joven de 24 años a quien pegaron seis tiros y cuyo cadáver fue tirado a un pozo a donde los autores del crimen fueron fría y regularmente durante meses para arrojar escombros y ocultar el cuerpo del delito. Así lo cuenta un hermano de la víctima que intenta restituir el buen nombre del asesinado, al que los colegas de la candidata atribuyen una violación que nunca se denunció. Tampoco consta en las pesquisas ni en los autos ni en el fallo del tribunal y, a juicio de este familiar, solo fue una argucia de la defensa de Pilar Baeza para restarle hierro a su crimen. Este aspecto es medular porque el propio secretario general de Podemos, Pablo Echenique, se permitió el lujo de dar por sentado que hubo una violación que ni siquiera fue juzgada y sus declaraciones pueden ser, por tanto, objeto de querella por difamación. Pero es que encima Pilar Baeza está vendiendo esa supuesta violación para reclamar la solidaridad del movimiento feminista y que ello la impulse en su carrera electoral.

Ya me parece descarado el que Podemos, después de participar activa y entusiásticamente en el linchamiento civil de políticos de distinto pelaje por sus pasados tropiezos con Hacienda o unos máster devaluados, invoquen el derecho a la reinserción para desprender a su candidata de tan terrible historial. Pero que pretendan además implicar a la causa feminista en su favor resulta deleznable. El de Pilar Baeza es el peor ejemplo imaginable en la lucha por la igualdad y contra el machismo que libran las mujeres. Y quienes caigan en la tentación de ensalzarla estarán traicionando esa causa.