Barcelona está triste

CARMELO ENCINAS. DIRECTOR DE OPINIÓN DE 20MINUTOS
Carmelo Encinas, colaborador de 20minutos.
Carmelo Encinas, colaborador de 20minutos.
JORGE PARÍS

Las Ramblas desoladas y sus terrazas vacías. Eran las diez de la noche del pasado miércoles y la iluminación navideña no lograba  levantar él ánimo de uno de los espacios urbanos más bellos y bulliciosos de España. Esa falta de su natural concurrencia colgaba también de alguna forma en el vacío las miradas sonrientes de los candidatos desde sus cartelones electorales. La Barcelona prenavideña y preelectoral parecía languidecer. En los restaurantes de las calles aledañas apenas cuatro gatos, incluso en esos donde antes era difícil pillar una mesa sin reserva anticipada. "Se han cargado Barcelona", nos espetaba una joven taxista que saltó como un resorte en cuanto preguntamos qué pasaba. "Hay menos turistas, la gente sale menos y el ánimo está por los suelos", nos dijo; "es como si hubieran vuelto los días duros de la crisis", enfatizó.

Aquella misma noche nuevos datos sobre la marcha de empresas y la huida de autónomos corroboraban tozudamente  los efectos devastadores del procés sobre la economía de Cataluña. A pesar de ello y hasta la fecha, no ha habido un solo gesto ni una sola frase entre los candidatos independentistas que revele siquiera el menor rasgo de autocrítica. Los autores de semejante desastre, esos que deberían ocultar el rostro para tapar su vergüenza ante la ciudadana cuya prosperidad y bienestar han comprometido, aún tienen el cuajo de negar la evidencia y desviar toda responsabilidad sobre el desastre a un supuesto Estado represor al que acusan de resucitar el franquismo.

Hay ficciones imposibles de sostener sin insultar la inteligencia de aquellos a quienes pretenden convencer e incluso la de sus propios adeptos. Eso hace Puigdemont vendiendo como signo de dignidad su huida a Bélgica, y lo que perpetra el candidato de ERC Carles Mundó cuando niega sin sonrojarse que la sociedad catalana esté dividida. Y este tipo fue consejero de Justicia de la Generalitat y el otro, presidente.

Una mujer vino a saludarme a las puertas de la estación de Sants, era profesora de Lengua en un colegio próximo. "Es cierto que se adoctrina a los niños", aseguró, "hasta les ponen el lazo amarillo a los pequeños". El lavado de cerebro es de tal naturaleza , según explicó, que algunos críos le preguntan para qué han de aprender castellano si total van a ser independientes. La mentira es tóxica y los del procés son intensamente tóxicos.

El próximo jueves 21 de diciembre el pueblo catalán está convocado a las urnas. Tal y como han dejado Cataluña no puedo imaginar una cita electoral más trascendente para su ciudadanía. No se me ocurre otra circunstancia en la que resulte  más necesario movilizar el voto y alumbrar una alternativa distinta a la de quienes les han conducido a tan penosa situación.

Siempre me fascinó Barcelona, siempre me sentí bien allí y siempre me gustó su gente. Ahora sin embargo comparto lo que me dijo aquella joven taxista, "ahora Barcelona está angustiada y triste, más triste que nunca".

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