Se le escapó. Es probable que hasta se diera cuenta de su error mientras articulaba la frase. "Cállate la boca extranjera de mierda", eso fue lo que le espetó a la mujer de origen ruso a quien recriminó el que sus hijos quitaran los lazos amarillos de una verja del Parque de la Ciudadela. Después, con el calentón, la emprendió a golpes con ella dejándola un ojo morado y roto el tabique nasal.

El agresor, que salió corriendo de la escena del crimen, se ha declarado ya arrepentido de su arrebato. Y yo le creo. Creo que se arrepiente de haber evidenciado de palabra y obra el supremacista y el violento que lleva dentro. Lo ha hecho de forma tan patente que compromete al independentismo radical y su estrategia de acorralamiento a todo aquel que disiente del pensamiento único que intentan imponer.

Se trata de estigmatizar a quienes no comulgan con las ruedas de molino del separatismo pero que siempre parezca que los violentos son los violentados no vaya a ser que quienes les ríen las gracias por ahí fuera puedan advertir el engaño y les vuelvan la espalda. De ahí el esfuerzo informativo del "régimen" por circunscribir lo acontecido en esa verja a una riña callejera carente de motivaciones políticas, esfuerzo del que participa con calculada ingenuidad la propia alcaldesa, Ada Colau, pidiendo prudencia antes de hacer interpretaciones partidistas. Negar el trasfondo político de la agresión, con el clima que se respira en Cataluña, es tan forzado como imaginar que un episodio de tamaña virulencia se habría producido igual si esos niños, en lugar de lazos amarillos, hubieran tirado al suelo una lata de refresco o la bolsa de las patatas fritas.

Puigdemont, desde su refugio dorado, no ha dudado en coronar la táctica acusando a Ciudadanos y al PP de flirtear con la violencia. Denominan violencia a retirar la simbología secesionista que pretenden que ocupe los espacios públicos de forma permanente. Suya y solo suya es la vía pública y allí están los CDR para recordárselo , como suya es la libertad de expresión que pretenden ejercer de forma tan exclusiva y unilateral en línea con el 'procés' emprendido en la anterior legislatura.

No quieren que haya resistencia y la prueba palmaria de su descaro son las declaraciones del alcalde de Ametlla de Mar. Jordi Gaseni, de ERC, ha acusado a quienes pintaron dos franjas rojas en un lazo amarillo de atentar contra el mobiliario urbano. Este alcaldillo, y le pongo el diminutivo por entender que solo representa a sus vecinos separatistas, considera que el lazo metálico que instaló bajo un monumento a los pescadores es un bien público a preservar y al que no esté de acuerdo se le echa encima la guardia urbana y a los mossos, como si fueran criminales de guerra.

Cuanta represión sea menester con tal de que los contestatarios no levanten cabeza. Una prevaricación en toda regla con el precedente de las 14 identificaciones llevadas a cabo por agentes de los mossos en Tarragona contra quienes procedían a retirar lazos amarillos, acción que la Fiscalía ha decidido investigar.

El criterio expresado por el Ministerio Público es que la retirada de los lazos es un ejercicio de la libertad de expresión, al menos, tan legítimo como el de ponerlos. Su iniciativa, por tanto, entra en colisión con las instituciones controladas por independentistas que, sin duda, volverán a desplegar su habitual parafernalia victimista. Por encima de la mendacidad que practican con tanto descaro y de sus delirios totalitarios debe siempre prevalecer el Estado de Derecho. Para reafirmar esta convicción basta repasar los artículos y tuits del hoy presidente de la Generalitat.

Carroñeros, víboras, bestias con forma humana, eso es lo que piensa y dejó escrito Quim Torra de los españoles que no son catalanes y también de los catalanes que hablan español. Su peculiar modelo de integración consiste en aceptar a todo aquel que abrace el separatismo y repudiar con ira al que no les siga. Al igual que el tipo que golpeó a la mujer en el Parque de la Ciudadela, para Torra todos los que no pensamos como él solo somos "extranjeros de mierda".