Dos meses antes de las elecciones generales un conocido demóscopo me aseguraba que Podemos había perdido el apoyo de la gente joven casi en su totalidad. Se me antojó entonces una afirmación exagerada habida cuenta de que en la génesis de la formación morada estuvo el movimiento 15-M hábilmente manejado por un grupo de jóvenes profesores para protagonizar en 2014 la ola de cambio demandada.

Si los resultados del 28 de abril apuntaron la certeza de aquella sentencia sociológica, los del 26 de mayo vinieron a confirmar el desplome podemita. En las urnas del domingo pasado perdieron casi todo, no solo diputados y concejales, también posición, influencia y crédito político. Pablo Iglesias fue el fracasado de la noche y el único líder nacional que no compareció ante los medios en un intento claro de no echarse a la espalda el peso de la derrota.

Su única salida es mantener viva la posibilidad del Gobierno de coalición y aferrarse a ella como si fuera un pulmón de acero. Ahora la invoca en un tono casi mendicante abaratando sus apoyos hasta ponerlos en almoneda sin que ello parezca conmover a Pedro Sánchez.

En su intento de resultar creíble, el líder de los morados desiste de quitarle hierro al fiasco, pero vuelve a situar la autocrítica en una mera declaración de intenciones. No mete el bisturí para buscar las causas que han provocado en solo cinco años el paso de un fulgurante ascenso a tan estrepitosa debacle. Lo cierto es que aquella idea inicial de transformar los modos de representación y de gobierno en España se han quedado en nada.

Lejos de armar una estructura de poder colectivo mínimamente estable que permitiera alcanzar los objetivos de cambio, el exceso de personalismo ha terminado por desbaratar el sistema de confluencias y provocado disidencias internas de altísimo voltaje que empiezan a aflorar con descaro. De aquella foto del primer Vistalegre no queda más que Iglesias, y solo Monedero le apoya desde fuera con tesis tan rasputínicas que más que ayudar a la organización la erosionan.

El binomio Iglesias-Montero es percibido internamente como una exhibición de nepotismo afincada en Galapagar. Jamás la compra de una vivienda provocó efectos tan devastadores sobre la credibilidad de un político y su tirón en las urnas. Por si fuera poco, la idea, reiteradamente expresada por el propio Iglesias, de que el próximo secretario general de Podemos será una mujer, proyecta la sospecha de que dejará a su pareja al frente de la organización, lo que difícilmente entusiasma a una militancia tan poco afecta a las fórmulas dinásticas.

El error cometido en Madrid ha sido brutal. Enfrentarse a Carmena apoyando la candidatura de Sánchez Mato ha contribuido generosamente a que la izquierda pierda la Alcaldía de la capital; y en la Comunidad,Íñigo Errejón barrió a la candidata de Podemos, Isabel Serra. Para Errejón se abre un amplio espacio político que compromete seriamente el liderazgo de su exjefe de filas. Mi amigo el demóscopo cree que Podemos agoniza y que, sin el oxígeno de Sánchez, pronto Iglesias dará las ultimas boqueadas.