A Rajoy cuando mejor le va es cuando hace de Rajoy. El otro día, en su primera entrevista tras las elecciones catalanas, en Onda Cero, hizo de Rajoy y se limitó a dar cuatro o cinco titulares: seguirá aplicando la ley en Cataluña (ni el menor atisbo de plan B), Puigdemont será detenido si vuelve a España, habrá Presupuestos del Estado, la selección española de fútbol estará en los Mundiales de Rusia y... él intentará volver a ser candidato a la presidencia del Gobierno porque, argumentó, "caminamos en una buena dirección". Ese último mensaje es el que ha tenido más repercusión en el PP, donde algunos/as se estaban probando la ropa que, creían, su líder iba a dejar.

Por lo demás, el presidente no sabe, no contesta. A él nadie le ha contado nada de financiación ilegal, él nunca ha estado en esas cosas; los de Ciudadanos no le han dicho ni una palabra sobre la necesidad de que deje su escaño la senadora Barreiro, imputada por corrupción; de operativos policiales tampoco tiene ni idea, aunque fue ministro del Interior, y sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres, mejor es que "no nos metamos en eso". Por no saber, ni siquiera sabe si sigue en su partido Francisco Camps, a quien esa misma mañana el antiguo secretario general de Valencia Ricardo Costa señaló como directo responsable de la financiación ilegal.

Unos lo han criticado por lo que dijo y otros, por lo que dejó de decir. Ni unos ni otros habrán hecho mella en su ánimo porque, ya se sabe, "cuando uno está en primera línea es objeto de críticas, comentarios e incluso algún elogio". Así es él, así ha sido siempre y no le va mal: treinta y siete años lleva ya con mando en plaza. A quienes lo menosprecian les recuerdo que antes de llegar a la presidencia del Gobierno pasó por el poder local, provincial, autonómico, cinco ministerios, una vicepresidencia, la dirección de las campañas electorales y la secretaría general del partido. No es un recién llegado, es un resistente nato que procura no dar pasos en falso ni decir palabras de más. Aunque se lo pongan en el debe, forma parte de su haber: Rajoy, cuando calla, acierta.

¿Acierta también cuando habla? Depende. Cuando dice que aplicará la ley en Cataluña es que tiene intención de aplicarla y cuando dice que intentará volver a ser candidato quiere decir, en un partido tan presidencialista como el suyo, que será candidato. ¿Y cuando habla de la selección de fútbol y de los presupuestos? Eso ya habrá que verlo. Y también habrá que ver si caminamos en una dirección tan buena, tan buena, que los españoles volverán a darle su confianza para que siga siendo él quien marque el camino. Muchos, en su propia casa, creen que ese camino se les está poniendo cuesta arriba y más después del millonario estirón de Ciudadanos en Cataluña. Vale que esos resultados no son extrapolables (lo recordó varias veces en la entrevista con Alsina), pero no creo que Rajoy sea el único español que ignora la evidencia: el camino está lleno de minas, el mapa político está cambiando de un día para otro y Ciudadanos se le está subiendo a las barbas.

Aunque la recuperación económica continúe, no parece que las expectativas del PP puedan mejorar demasiado después de estos años de atonía política, parálisis administrativa y legislativa, empleo precario, empobrecimiento de los asalariados, deterioro de los servicios públicos y emponzoñamiento del problema territorial. Sin olvidar la gota malaya de los juicios por corrupción ni el creciente desmadre interno de un partido cuyos jefes están en otras cosas.

Suele decir el presidente que "las cosas son como son" y que "así son las cosas". Pero lo cierto es que las cosas no son como son ni son así por tiempo indefinido. Las cosas evolucionan y en esa evolución, que llamamos historia, está el progreso de la sociedad. Todos los ciclos históricos tienen su fin y Rajoy, que sobre las espaldas lleva el suyo, seguro que lo sabe.