El saco de las pensiones

Carlos Santos, colaborador de 20minutos.
Carlos Santos, colaborador de 20minutos.
JORGE PARÍS

Para algo ha servido ya que los jubilados enseñen los dientes: para mover el saco, para poner las pilas a unas instituciones y unos partidos políticos que llevan años cociéndose en su propia salsa. Hasta ahora, lo único que habían hecho desde esas instituciones y esos partidos era meterles miedo, con sus amenazas o su inoperancia. Los últimos días no solo hemos asistido a la apertura de un debate necesario sino también a una raro ejercicio de unanimidad: ahora todos dicen que el sistema público de pensiones es sostenible y todos se comprometen a sostenerlo. La inoperancia sigue, pero la amenaza se atenúa; algo es algo. Al igual que la movilización de las mujeres, la de los pensionistas ha sido un éxito por el hecho mismo de ser convocada. Para empezar, propició un debate parlamentario en el que nadie recurrió a falacias del tipo ‘el sistema no da para más’ o ‘el sistema no es sostenible’. Todos los grupos defendieron el sistema actual y todos se mostraron dispuestos a mejorarlo. Otra cosas es que sean capaces. Pese a las múltiples apelaciones al pacto de Toledo, es pública y notoria la incapacidad de los políticos actuales para cerrar acuerdos de interés público.

El acuerdo que se necesita tiene dos dimensiones. Por un lado, garantizar las pensiones en el futuro, cuando lleguen a la edad de jubilación quienes ahora están intentando meter cabeza en el sistema; ahí influyen elementos demográficos (la sociedad ha envejecido) y elementos de coyuntura económica, como la devaluación salarial que se aplicó en respuesta a la crisis; si los salarios bajan, las cotizaciones también bajan y no salen las cuentas. Por otro lado, el Estado debe pagar lo que debe a quienes han estado toda su vida cotizando. Ahí no hay lugar para bromas. Ni tiempo. Esas personas tienen que cobrar lo que es suyo. Dado que la economía va mejor y han terminado las circunstancias por las que congelaron sus pensiones, además tienen derecho a una revalorización que garantice su poder adquisitivo.

¿Qué me dice usted? ¿Que le sistema es deficitario? ¿Que con lo que se cotiza no sale para pagar las pensiones? Pues además de ajustar plazos (ya se ha hecho) habrá que ir pensando en subir los sueldos, para que se cotice más, y en aumentar los ingresos fiscales, para que el Estado disponga de más recursos. Como en otros países, habrá que sacar de donde hay: de la hacienda pública. De hecho, Rajoy está dispuesto a usar, tímidamente, la vía fiscal cuando propone «concentrar las ayudas fiscales en el IRPF para pensionistas y familias». Eso sí, en lugar de hacerlo con uno de sus célebres decretos, traslada la propuesta a los Presupuestos del Estado... largo me lo fiáis.

En todo caso es ahí, en la política fiscal, donde está la salida. Lo que distingue a una democracia no es solo votar cada cuatro años sino disponer de un mecanismo impositivo que redistribuya equitativamente la riqueza. España es hoy más rica que cuando se implantó el actual  sistema de pensiones; no pueden quedar fuera del reparto de esa riqueza quienes se han pasado la vida trabajando y quienes más lo necesitan. Si hace falta, además de bajar los impuestos a quienes menos tienen habrá que aumentarlos a quienes más tienen. Como diría Rajoy, es de sentido común.

Lo malo es que a las dificultades intrínsecas del asunto se suman otras dos: el oportunismo político y el ideológico. Unos aprovechan cada problema para sacar tajada electoral y otros para colar sus ideas, que en este asunto, como en la Sanidad, son contrarias a la existencia de un Estado fuerte. Tras la expresión ‘el sistema no da para más’ hay casi siempre un intento de cambiar ese sistema por otro, con menos impuestos y más pensiones privadas. Son insaciables. Rajoy es un redomado socialdemócrata si se compara con algunos dirigentes del PP y de sus satélites. Esos sí que son antisistemas y no los que  salen a la calle reclamando dignidad.

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