CARLOS SANTOS. PERIODISTA

Carta a Iñigo de la Serna, ministro de Fomento

Carlos Santos, colaborador de 20minutos.
Carlos Santos, colaborador de 20minutos.
JORGE PARÍS

Querido ministro De la Serna:

Si no fuera porque estoy seguro de que usted me entiende, no me atrevería a escribirle esta carta. Pero doy por hecho que me entiende y que comparte mi perplejidad: ¿cómo es posible que los contribuyentes tengamos que asumir las deudas de unas autopistas innecesarias, concebidas como negocio privado más que como servicio público? ¿Acaso si el negocio hubiera salido bien habrían repartido con nosotros las ganancias?

Si creo que me entiende es porque usted es de Santander y un servidor, de Almería, dos ciudades "separadas del mundo por la Renfe", como decía mi padre, y por la política de obras públicas. Ustedes se pasaron tantos años esperando los accesos a la Meseta como nosotros esperando la autovía del 92 y ahora ustedes y nosotros ahí seguimos, esperando que un siglo de estos llegue la alta velocidad ferroviaria. En sus largos viajes en tren a Santander, como en los míos a Almería, le habrá dado tiempo a reflexionar sobre una política de transportes y obras públicas que parece diseñada para convertir en islas nuestras provincias. Lo mismo pensarán los extremeños, gallegos, asturianos, aragoneses o castellanos que, como usted y yo, llevan toda la vida esperando obras imprescindibles mientras contemplan, atónitos, la puesta en marcha de obras innecesarias. Sin ir más lejos, las famosas erres y sus primas periféricas, cuyas pérdidas nos disponemos a nacionalizar. Muchos advertimos en su día que esas autopistas eran un festival de despilfarro que algún día tendríamos que pagar entre todos.

Ha llegado ese día, según nos contó usted ayer. Después de que los principales bancos y constructoras pusieran en marcha ese negocio sobre cálculos erróneos, el Gobierno se dispone a nacionalizar las pérdidas. No consta, o al menos no le he oído decir nada de eso, que además vaya a buscar a los responsables del desastre. A ver cómo explica usted todo esto cuando vuelva a casa por Navidad. Igual no le queda más remedio que darle un empujón a la alta velocidad, para compensar. En su tierra, lo dan por hecho; en la mía, ni eso. Pero ni en la suya ni en la mía dejaremos de estar perplejos y puede incluso que nos dé por pedir responsabilidades. Aparte de desearle lo mejor en la etapa que acaba de empezar, aprovecho para trasladarle la pregunta: ¿se ha planteado la posibilidad de pedir cuentas a alguien por este desaguisado?

Saludos escépticos, Carlos Santos

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