Controlo de Derecho lo mismo que cualquier ciudadano de a pie, aunque no sé si hace falta el título para ver que quizás algo ha fallado en el juicio a los violadores de La Manada. Frente a los mismos hechos –con idénticos testimonios y leyes en la mano–, se han dictado sentencias diferentes que podrían poner en entredicho la confianza en la Justicia española.

El sentir general tacha de patriarcal la resolución de la Audiencia Provincial de Navarra y acepta con mayor agrado la del Supremo, aunque tal vez el problema se encuentre en la gestión de todo el proceso.

Mucho antes de que comenzara el litigio en los juzgados ya se dictaba sentencia desde los platós de televisión. Los medios recogían el sentir social de indignación que se inició en redes y llevó hasta manifestaciones en numerosas ciudades unidas por el grito de "No es abuso, es violación". El apoyo a la víctima era tal que la condena se vivía como una cuestión de Estado. Parecía que lo que estaba en juego era la credibilidad del feminismo.

Este juicio ha servido para abrir un debate en torno a la violencia machista que llevaba demasiado tiempo latente. Da la sensación de que el Supremo no solo ha hecho justicia con la víctima, sino con toda la sociedad.

El problema es que uno de los índices de desarrollo de un país es la independencia de su sistema judicial, porque lo contrario podría suponer una aplicación arbitraria de las leyes. Si realmente la presión social hubiera causado el cambio en la condena, podría interpretarse que la Justicia aquí depende de quién concentre a más gente alzando la voz. Según la causa, algo así podría ser peligroso, tanto como que los políticos se inmiscuyan en un proceso judicial.

Los hashtags del caso de La Manada han sido tuiteados por casi todos los partidos que, en su mayoría, han castigado la primera condena. La separación de poderes es una de las máximas democráticas, aunque, en este caso, se ha dado más laxitud a la norma. No solo han sido menores las críticas a los políticos por su falta de respeto al procedimiento, sino que incluso se ha premiado con miles de retuits que ofrecieran su capacidad de influencia.

Quizás sea porque la reacción de la sociedad ante el caso de La Manada no se entiende sin su componente emocional. La identificación con la víctima conlleva la rabia que genera la cercanía de sus violadores y ambos componentes activan una bomba emocional cuya onda expansiva tal vez haya llegado hasta el Supremo.

O puede que sea más sencillo y lo que ha ocurrido es que las declaraciones admiten múltiples interpretaciones, igual que las leyes y la justicia. Ya os digo que de Derecho sé lo justo. Lo único importante es que no vuelva a darse ni un caso más que nos haga a todos creernos magistrados.