Me había prometido que no iba a escribir mi opinión del feminismo. Ya hay mujeres haciéndolo fenomenal, aunque también haya otras, con muchas seguidoras en redes, soltando un discurso de aplauso fácil. Además, que mejor no decir nada porque hombre y feminismo genera, como mínimo, desconfianza y, como máximo, que te caiga la del pulpo. Culpa de las del aplauso fácil que se han encargado de gritar que "esta es nuestra lucha". Tampoco quería escribir del tema porque esto ya es una burbuja. Ahora los Goya se iban a subir al carro del 'feminismo USA', cuando mira que hay carros en España. Como guionista me han obligado a montarme en el de los productores que pasan de los convenios, el de "si quieres que salga la peli, dame el guion gratis", el de los que pillan siempre las ayudas... Pero, con la resaca de los Goya, creo que igual sí habría sido un buen momento para inflar la burbuja feminista. No sé de quién fue la gala, pero de las mujeres no.

A pesar de la buena iniciativa de la Asociación Mujeres Cineastas y del Audiovisual, los discursos honestos fueron tibios y los deshonestos mal interpretados. Algunos de los mejores actores ganaron el Goya al peor feminismo, que es lo que ocurre cuando las reivindicaciones son estéticas de las que hacerse fan como si fueran grupos de música. Sí, al menos se habla del tema, aunque desde una posición privilegiada y con las prioridades desordenadas. Se consigue que movimientos sociales muten en capitales, que hay gente haciendo mucha pasta del 'nos matan'. Es mezquino porque las matan de verdad. Hay miedo al verdadero discurso feminista porque no se sabe qué se puede decir y qué no. Igual las mujeres tienen más claro el papel, pero los hombres vivimos en la paranoia de la corrección y seguiremos así hasta que #MásMujeres deje de ser un hashtag y se profundice en el discurso.

Decir, por poner, que en el mundo del guion las mujeres se cuentan con los dedos de una mano. Las de cine deben saber dirigir (en este país hay que serlo todo), y como directoras hay cuatro, tampoco hay guionistas. En ficción de TV sube la cuota de escritoras, aunque he estado en series de acción en las que se buscaban mujeres solo para que quedara todo menos masculino. Han pasado secuencias que yo había escrito a una mujer para darles una vuelta porque "ella mejorará el te quiero". He vivido una reunión con un productor que le dijo a la guionista del equipo que estaba en la serie para que no se colaran chistes de pedos. A ella le encantan los chistes de pedos. A mí no me hacen gracia, me gusta escribir secuencias románticas y a veces me aburro con las de tiros. Los estereotipos sexistas fueron creados por hombres (unos que nacieron antes que yo), pero nos afectan a ambos géneros.

Ser hombre también es difícil (jodido, que suena más macho), aunque, sí, ser mujer en el audiovisual lo es más. El cambio está en el aire, que cada año tengo más chicas en mis clases de guion (me dicen que ahora tienen referentes, aunque no sé por qué no calaron los de Pilar Miró y Josefina Molina, feministas sin busca de retuits). Otra prueba de la ola femenina es que hace unos años me llevé una beca para desarrollar un largo en la Fundación SGAE, en donde coincidí con cuatro hombres y dos mujeres. Ellas eran Carla Simón, que escribía Verano 1993, y Mar Col, que trabajaba en Matar al padre antes de que fuera una serie para Movistar. Sus proyectos son los únicos que han llegado a la meta.

Hacer cine es un milagro, para todos. Cuando se consigue es porque han trabajado muchas manos de hombres, y muchas menos de mujeres. Esto tiene que cambiar, pero no soltándolo al aire con flores, condescendencia o como si fuera una guerra de sexos. Esto se cambia con trabajo, que siempre es la mejor reivindicación. Si no me creéis a mí por ser hombre, preguntádselo a la Coixet.