La nostalgia que siento por Rajoy me tiene tan desconcertado como el lavado de cara que le ha hecho Casado al PP. Los que le acompañan en las listas rejuvenecen la foto, aunque también podría parecer una estampa en blanco y negro. Proclamas de reforma del aborto, peleas por los huesos de Franco y otros asuntos del siglo XXI parecen encabezar las prioridades de la reforma popular.

Está claro que el marianismo ha muerto y quizás también lo ha hecho la prudencia en el partido. Casado se niega a que les señalen como "la derechita blanda" y lanza pinchazos como "vacuna" para España. Considerar que los problemas de la sociedad son una enfermedad suena regular. Además, nuestro país es lo suficientemente diverso como para que quepan todo tipo de intereses. Algunos suelen chocar con los de los políticos cuando estos tienen poco sentimiento de Estado y mucho proyecto personal.

Las propuestas de Casado, en ocasiones, más que apuntalarse en la derecha o la izquierda parecen hacerlo en la provocación. Suena a estrategia y es más que probable que modere el tono si su nombre sale de las urnas. El problema es que, para entonces, sus proclamas antimigratorias ya habrán ayudado a propagar otro virus: una parte de los españoles cree que en nuestro país viven el triple de inmigrantes de los que realmente hay. Es la consecuencia de la política del trending topic, importada desde USA por Vox, que consiste en soltar la burrada más grande para hacerse con el foco. Si no funciona, dices que son fake news y listo. ¿De verdad era esta la renovación que necesitaba el PP?

El problema que se llevó por delante a Rajoy fue la corrupción, no la ideología. El cambio, más que en extremar sus políticas, era necesario en honestidad, una virtud de la que no todos los desterrados carecían. Habrá que esperar al 28-A para saber si este nuevo PP gusta a sus votantes. Quizás haya quien acabe sintiendo la ausencia no solo de Rajoy, sino también de Sáenz de Santamaría, que podría haber dado la verdadera medalla a la modernidad al partido al ser la primera candidata a la presidencia. Habría sido una buena manera de demostrar que el PP también es feminista, tal y como proclama, y que refleja en sus candidatos a toda la sociedad de hoy.

El caso es que hay un componente fundamental de la sociedad que quizás se esté olvidando hacer visible: la convivencia de múltiples generaciones. Rechazar a las anteriores y culparlas de la herencia es un acto de rebeldía en el que tiende a caer históricamente la juventud y que suele conllevar la repetición de los mismos errores de sus antecesores. La única manera de evitarlos es tomar conciencia de que aquí nos necesitamos todos. Lo dice el refrán: "Si el joven supiese y el anciano pudiese, no habría cosa que no se hiciese".