Si en la Movida se llegan a enterar de que en 2018 iba a haber una polémica por la homofobia de una canción de Mecano, aún se estarían escuchando las risas en el Rock-Ola. Los tiempos han cambiado y ahora 'mariconez' en una estrofa puede ser un arma arrojadiza que fomenta la discriminación. Quizá la concursante de Operación Triunfo que ha hecho saltar las alarmas tenga razón y hay que reeducar en el lenguaje a los mayores. También puede ser que esos le digan que ya vivieron la democratización social que resignificó ese insulto (la directora de la academia, que ha felicitado a la concursante por hacerle cuestionarse sus arraigados esquemas, dijo en la edición anterior un «estáis dentro, maricones» sin levantar polémicas) y la reivindicación sea algo superficial.

Lo que es seguro es que el fondo es el de una lacra en una sociedad que sigue equiparando masculinidad con orientación sexual, y que la cuestiona si no desborda (en otro reality, un concursante acusó de poca hombría a un compañero por no querer aprovecharse de una mujer borracha). Esa misma sociedad que, según el Informe de delitos de odio LGTBI, en 2017 dejó en Madrid 321 ataques homófobos. El cambio es urgente, pero debe ir más allá de la corrección política, esa de la que se puede olvidar en una conversación de sobremesa hasta una ministra de Justicia, y centrarse en el comportamiento.

Donde sí se echa en falta algo de corrección es en los modos con los que algunas de esas voces jóvenes (y no tan jóvenes) reivindican el cambio, tildando a las más maduras que lo cuestionan de 'pollavieja'. Este neologismo, popular en redes cuando Javier Marías o Pérez-Reverte publican columna, a mí me cuesta hasta escribirlo porque significa que la edad y la consecuente experiencia ahora son losas y no grados.

Vivimos en una sociedad en la que la población mayor de 65 años es del 18,2% y que en 2029 será del 24,9%, pero en la que hay que fingir juventud hasta la tumba porque el que no es joven está desactualizado y excluido. El descrédito que acompaña a las arrugas ha llegado incluso al Congreso, donde los líderes jóvenes han sacado a codazos a los mayores culpándolos de la herencia recibida como si esa no fuera el producto de las circunstancias cruzadas de muchas generaciones, incluida la suya.

Hacernos mayores, salvo desgracias por el camino, es de las pocas cosas que seguro nos pasará a todos. Por eso es importante que las voces que reclaman corrección no ridiculicen a las que cantaron canciones con las que lograron cambiar aquellas letras en las que todo lo que no era una Tómbola podía prohibirse. Sí, hacen falta nuevos oídos que valoren la música con la que aquellos a los que se les cuestionaron las libertades trataron de recuperarlas y, sí, quizás llevarlos a cambiarlas. Pero tienen que ponerse el disco entero, no solo escuchar el single, y luego ya decidir si deberían seguir cantándolas.

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