La otra noche, con un par de cervezas de más y la única vigilancia de mi gato, hice eso que nunca hay que hacer: leer los mails que me escribía con mi ex. Nos conocimos en 2009, cuando Whatsapp era una idea que nadie había tenido, los padres aún no estaban en Facebook y utilizar el chat de MSN era sólo para adolescentes. Nuestro tonteo escrito empezó por mail (la dirección del trabajo fue lo único que le saqué a la amiga desconfiada que nos presentó), aunque la cosa se nos dio bien y mantuvimos la correspondencia unos años.

Los primeros mails estaban llenos de frases ingeniosas para epatarLos primeros mails estaban llenos de frases ingeniosas para epatar, canciones con las que demostrarnos nuestro buen gusto y excusas cuando descubríamos que se nos había colado una falta de ortografía; la típica inseguridad cuando se empieza una historias de amor. Después de unas cuantas citas, los correos fueron perdiendo barniz y ganando sinceridad. Con el tiempo, se llenaron de confesiones de felicidad, aunque también hubo algunos largos para arreglar enfados.

Al mismo tiempo que avanzaba nuestra historia, ganaban fuerza a nuestro alrededor los chats. Todos fuimos descargando las aplicaciones en los móviles, pero nosotros dos seguimos agarrándonos a nuestros particulares hilos de mails. En ellos nos habíamos dicho el primer te quiero, aunque también nos despedimos tras la ruptura. No podíamos guardar nuestra correspondencia en el cajón, pero, salvo por eso, lo que nos escribimos todo aquel tiempo fueron cartas de amor. Sí, como las de antes. Nosotros, que nos creíamos modernos yendo a conciertos de Los Punsetes...

Los buzones casi han perdido la batalla, que sus únicos fieles son los de los bancosCuando el correo electrónico llegó a los ordenadores, también lo hizo el miedo a que desaparecieran las cartas. Los buzones casi han perdido la batalla, que sus únicos fieles son los de los bancos, pero con lo que no contábamos era con que los mails también tenían los días contados. Los chats de las redes sociales los han convertido en un medio de comunicación laboral, y poco más. Suena raro empezar ahora una historia de amor con un hilo de mails. En seguida se pasa al chat, que es más fácil y rápido, aunque también es mucho menos romántico.

Con el paso del tiempo, los historiales de chat se llenan de "qué haces", "no te veo", "sí, que estoy junto a la estatua", emoticonos y, en los peores casos, de memes. Los chats son difíciles de leer del tirón, y tan fáciles de eliminar... Sólo hay que arrastrar un dedo para borrar una historia entera. Con los mails hay que hacer clic de uno en uno, y eso a mí me costó más. O igual los guardé para, una noche nostálgica, poder leer cómo nos conocimos, nos enamoramos, nos decepcionamos y rompimos.