• Carlos Balado es director general de Eurocofin.

La vista de la evolución del mercado laboral y de la mentalidad empresarial, las personas que tienen ahora de 30 a 54 años (los próximos mayores) han de ser conscientes de que, a partir de los 55 años, el riesgo de quedarse fuera del mercado laboral es muy alto, por lo que la previsión es muy recomendable.

España es uno de los países más longevos del mundo. La esperanza de vida al nacer se sitúa por encima de los 80 años con diferencias notables entre sexos. Mientras que para los hombres es de 80,3 años, en el caso de las mujeres llega hasta los 85,8 años. Al mismo tiempo que se alarga la esperanza de vida, se transforma el mercado laboral.

El número de mayores de 55 años dentro de la población activa ha crecido un 48,2% en la última década; solo el grupo de las mujeres un 86% más, mientras que el número de jóvenes, también hombres y mujeres, ha decrecido un 20,7%. Las personas de más de 55 años suponían menos de un tercio de la población adulta hace diez años y en la actualidad ya son el 37,7% (14,6 millones de los 38,8 millones que conforman la población adulta española).

Para 2028 se prevé que la población sénior crezca un 20,5% en España sobre las cifras actuales y el número de jóvenes descienda otro 15,3%. Sin embargo, el número de personas inactivas (que no trabajan ni buscan trabajo) de más de 55 años supone hoy el 67,7% de la población inactiva española, ya que, hasta hace poco, a partir de esa edad las personas se empezaban a jubilar o eran expulsadas del mercado laboral. Trabajadores mayores

Gran parte de esta población permanecían inactivos o se retiraban del mercado laboral cuando perdían su empleo, pero hoy mantienen interés por participar, fundamentalmente para contrarrestar los efectos de economías domésticas resentidas por la crisis y efectos como la devaluación salarial y la pérdida de ingresos, o una inferior cobertura de protección a los desempleados.

El grupo de mayores de 55 años es el más castigado por la crisis y la reforma de los ERE. El número de desempleados es un 3% superior que en tiempos precrisis (año 2008), en el caso de los mayores de 55 años la cifra se ha incrementado a un nivel mucho mayor, en un 126%. Si hace una década se contabilizaban 220.300 parados mayores de 55 años, hoy la cifra crece hasta 497.400.

Más llamativo es el incremento de la proporción de desempleados mayores sobre el total: en 2008 suponían el 6,9% y hoy ya representan el 15% de las personas que buscan empleo en España. Es una situación absurda, porque es un contrasentido demográfico y también una merma de competitividad para las empresas que, al renunciar a ese grupo, por motivos de edad, se cierran a un talento cada vez más numeroso.

Competencias desfasadas

Pero el hecho es que más de la mitad los currículos de los profesionales mayores de 55 años son descartados de forma automática por los reclutadores, esencialmente debido a prejuicios relacionados con unas ‘competencias desfasadas’ o con ‘dificultades para encajar en una plantilla mayoritariamente joven’. ¡Siete de cada 10 responsables de recursos humanos admite no haber seleccionado a ningún trabajador de esta edad durante el último año! Ambas razones carecen de sentido. Jeff Bezos, presidente de Amazon, tiene 55 años; Tim Cook, presidente de Apple, tiene 58 años.

Hay más ejemplos de que la edad no determina ni las competencias técnicas ni la capacidad de relación. Además del grave daño personal, el Estado va a sufrir esta discriminación. Sin natalidad, ni calidad en el empleo senior, las pensiones no estarán garantizadas. Una menor pensión reduce la capacidad de acceder a los cuidados necesarios en la edad avanzada, limita la capacidad de consumo y repercute en la capacidad de crecimiento del PIB.

La situación de desempleo de larga duración en trabajadores mayores de 55 años puede producir recortes sobre la cuantía de su pensión de jubilación muy perjudiciales, pudiendo llegar a ser de jubilación 768 euros inferior (un -40 %). Esto significa que una persona en esa situación recibiría sólo el 60 % de la pensión que le correspondería de haber seguido su carrera laboral hasta la edad de jubilación ordinaria.

Este problema se agrava si se tiene en cuenta la brecha de género. Según Closingap, las mujeres aún no generan derecho a acceder a su propia pensión contributiva en la misma proporción que los hombres, y siguen siendo las principales beneficiarias de pensiones no contributivas (65,6% del total en 2018), cuyo importe medio es menor que las contributivas.

En consecuencia, la percepción de menores pensiones por parte de las mujeres jubiladas repercute sobre su capacidad de consumo y, por lo tanto, en su bienestar y en el del conjunto de la economía, de hecho, se estima que el impacto sobre el conjunto de la economía para el año 2018 fue de 26.900 millones de euros en términos de Valor Añadido Bruto (VAB), lo que representa el 2,2% del PIB.

En este grupo se producen también lagunas de cotización debido a varias causas. Una, la mayor duración del periodo en el que las mujeres se encuentran en situación de desempleo en momentos de crisis económica. Dos, el tránsito a la parcialidad por demandas de conciliación familiar – asociada sobre todo a la maternidad -, que afecta al 8,3% de las trabajadoras.

Tres, la situación de informalidad de algunas ocupaciones eminentemente femeninas, como el empleo doméstico. Si este asunto se ve en términos positivos, el 30,82% de la población activa con más de 55 años tiene en la actualidad estudios superiores, porcentaje que asciende al 42,38% entre quienes tienen de 30 a 54 años.

Ese mayor nivel formativo debería favorecer su actividad. Pero la tozuda realidad es que hoy las empresas no saben, o no quieren, gestionar equipos compuestos por talento senior. Gran error a la vista de que el mercado laboral será mayor de 55 años y, aun así, ni el Estado, ni las empresas han empezado a hacer frente a este reto.