El futuro del PSOE solo lo concibo como fuertemente enraizado en la sociedad y determinante para el progreso de España. Pero para eso hay que resolver muy serios problemas de presente. Estos no se limitan la búsqueda de un liderazgo ‘ganador’ garante del anhelado retorno a la Arcadia feliz de los 202 diputados de 1982. Es cierto que en aquella década el partido ocupó no solo la hegemonía en la izquierda, sino también la centralidad política española. Sin embargo, hubo factores tan importantes como el fuerte liderazgo y el hecho de que, tras la sangrienta dictadura, esta era una sociedad ávida de libertad e ilusionada con integrarse en Europa, como garantía de progreso, y esas aspiraciones las encarnaba, como ningún otro, el PSOE. Otro fue la integración en el PSOE del PSP, y, con alguna excepción, de la federación de partidos socialistas, que lo convirtieron en la referencia hegemónica de la izquierda democrática española. Por último, ocupó la centralidad política porque, tras la implosión de UCD, la derecha política no logró recuperarse hasta la refundación del PP, a finales de los ochenta.

La sociedad española no sitúa hoy al PSOE como referencia indiscutible de la izquierda Hoy es evidente que las características de la sociedad actual son muy diferentes y, creo, a pesar de los graves problemas, mejores que las de aquella. El ánimo social se ha polarizado, en España en Europa y en EE UU (Trump) y las zonas políticas templadas atraviesan malos momentos. Se ha producido una centrifugación en la izquierda política, que ha revertido la integración de los ochenta y ha hecho aflorar partidos y movimientos políticos en las comunidades autónomas que confluyen en Podemos. A su vez, el PP sigue siendo el partido más votado y hegemónico de la derecha.

En conclusión, creo que al día de hoy,  política, y mucho menos como el partido central, ni de centro, del mapa político. La abstención con Rajoy ha acentuado esta percepción.

Tras el 20-D, yo contemplaba la abstención; lo que me convenció de lo contrario fue la posición del PP, que nunca la contempló para posibilitar un Gobierno alternativo. Y creo que hizo lo que su electorado quería, y lo que exige su realidad de partido hegemónico de la derecha. Además, la abstención ha perjudicado –lo siento, esto no es Alemania– a la fortaleza democrática del binomio Gobierno-oposición creíble y con voluntad de ser alternativa. Cuando se debatía sobre la necesidad de evitar las terceras elecciones, se debería haber analizado por qué ha habido segundas, y la responsabilidad del PP en la repetición, y no solo de Podemos. Tengo la impresión de que la derecha española puede contemplar el escenario de la abstención en ámbitos autonómicos o municipales, pero no, salvo, supongo, circunstancias democráticas excepcionales, en la constitución del gobierno de España, porque eso afectaría a perfiles esenciales de su proyecto político. Creo que algo similar ocurre en la izquierda política.

La secretaría general del PSOE es incompatible con presidir un gobierno autonómico

En la decisión adoptada por el Comité Federal ha sido decisiva la posición de los dirigentes que gobiernan distintas comunidades autónomas, y es lógico que tengan un peso muy importante en la toma de decisiones. Sin embargo, en un partido de izquierdas, que debe generar confianza transformadora de futuro, las decisiones democráticas, claves de la acción política, deberían ir más allá de las urgencias de gobiernos autonómicos que afrontan con eficacia y transparencia la gestión de los estrechos márgenes presupuestarios, pero con poca capacidad transformadora, no sé si reformadora. Esta situación, que viene, al menos, desde el 2011, no asegura decisiones integradoras y globales para la acción política y social.  

La resolución de la interinidad en la dirección es urgente, porque no siempre el tiempo lo cura todo, a veces lo pudre todo. La afiliación, que practica el único acto revolucionario y pacífico en las sociedades abiertas y democráticas, el pago de la cuota, debe tener un protagonismo decisivo.

La persona elegida para la secretaría general el PSOE, junto a sus valores, debería ofrecer a la militancia y los votantes, como dice la canción, tres cositas: alma, corazón y vida…, y nada más. Es decir, centrarse exclusivamente en esta responsabilidad, imposible de compatibilizar con presidir un gobierno autonómico. Salvo que, junto a sus cualidades, pudiera incorporar el don sobrenatural de la ‘bilocación’, atribuido, en el siglo xvii, a Sor María de Ágreda, que se aparecía, para evangelizarlos, a los indios de Nuevo México sin salir jamás del convento de Ágreda. No creo que esta proeza sea posible en el siglo xxi, aunque intervengan los ¿dioses? del socialismo, que, cuidado, porque a veces ciegan a quienes quieren perder.

Finalizo estas líneas diciendo que milito en la UGT y el PSOE desde hace casi 47 años. Con esta afirmación no pretendo reforzar con el supuesto grado de la antigüedad lo aquí expuesto. La legitimidad y solvencia de las ideas no dependen de que lleves 47 años o 47 días. No obstante, sí incorpora el deber de expresar, con respeto, lo que piensas, al menos en situaciones como estas. Habrá quien piense que callando hubiera ejercido mejor ese deber; es posible que tengan razón.