Carta a Bruce Springsteen

Andrés Aberasturi, colaborador de 20minutos.
Andrés Aberasturi, colaborador de 20minutos.
JORGE PARÍS

Querido Boss:

Permíteme el tuteo que me concede el hecho de ser un año mayor que tú y el de haber rozado alguna vez una cierta parte de esa angustia que es la depresión, una enfermedad que no conoce famas, clases económicas ni infancias felices o desgraciadas.

Llega como una pájara negra y se posa sin mirar igual sobre una administrativa que sobre un sicario en rebajas. A ti te pilló quién sabe cuándo y es verdad que ya eras carne de trastorno, niño débil frente a un padre alcoholizado y violento, macarra sin vocación con un Dios al que solo podías temer y no amar (algo sé también de eso, Bruce, algo sabemos por aquí de esa historia nada sagrada y siempre dolorosa).

Tenías todas las papeletas para terminar mal cualquier noche en un oscuro barrio de Nueva Jersey. Pero no pasó. El niño débil, al que echaban de todos los grupos porque su guitarra desentonaba de mala que era, terminó siendo el jefe de una tribu que congrega ahora a millones de seres humanos, el santón de una tierra más justa, de una América más libre, un tipo que puede comprarse lo que quiera menos esa insignificancia llamada felicidad que no se vende en ningún sitio.

Lástima, Bruce, aunque es posible que haber aireado tus demonios haya abierto huecos en esa nube que ninguno veíamos cuando tu voz sonaba enorme sobre un escenario. La procesión iba por dentro y la profesión por fuera. A partir de ahora tus canciones tal vez nos sonarán de otra manera porque sabremos que nada menos que el Boss sufre igual que nosotros.

Solidariamente, Andrés Aberasturi

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