Estamos pendientes del proyecto presupuestario para 2018 que a estas alturas del año sigue en el limbo. La tarea no es baladí, teniendo en cuenta que el partido que confeccionó estas cuentas, el PP, está ahora en la oposición y que el que las tiene que defender, el PSOE, es el que fue más crítico con ellas. Todo ello mientras el PNV cruza los dedos para que, de los más de 540 millones de euros de presupuesto logrado para Euskadi gracias a un acuerdo con el PP para apoyar estas cuentas, "solo" se les recorten 35 millones en el Senado, como mal menor, tras apoyar la moción de censura contra Rajoy.

Y en tanto se tramitan estas cuentas el resto de los españoles, en unas comunidades más que en otras, están a verlas venir y preguntándose a quién se le ocurrió la idea de configurar una ley electoral de tal calibre que permite que  en un mismo país existan unos partidos políticos que con tan pocos votos tengan tanto poder y, viceversa. He aquí el origen de todos los males.

Decía Aristóteles, que el único Estado estable es aquel en el que todos los ciudadanos son iguales ante la ley... Y en cuestiones presupuestarias, y de otra índole, es obvio que en España no somos todos iguales. En tanto existan zonas que están languideciendo, mientras que otras solo miran al Estado para sacar provecho propio; mientras los partidos sigan buscando el interés propio, no el común; y mientras la educación se siga diseñando a la medida de cada autonomía; no podremos hablar de un Estado igualitario y, como decía el filósofo griego, ni de un Estado estable. Sin un proyecto de país sólido, seguiremos mareando la perdiz y no llegaremos a ningún lado. Si no, al tiempo.