Nadie puede negar que la política está entretenida. Cuando estábamos expectantes por si Torra nombraba a sus consejeros o no, resulta que nos desayunamos con una moción de censura, que la mayoría de los españoles no se tomaba en serio y que, a día de hoy si Rajoy no lo remedia con su dimisión, tiene visos de prosperar y de convertir a Pedro Sánchez en presidente de Gobierno.

Pocas veces en la historia, por no decir ninguna, cinco diputados como los del PNV habían dado tanto juego. Cuando los españoles no se habían repuesto del susto de los 540 millones de euros que irán para Euskadi gracias al apoyo de los nacionalistas vascos a los presupuestos, se plantea una moción de censura que, si nadie lo remedia, supondrá el fin de la era Rajoy.

Una vez dado por sentado el resultado, una no puede dejar de reconocer que los nacionalistas vascos han sido hábiles y que, incluso, sin pretenderlo, se han llevado hasta las simpatías de unos cuantos millones de pensionistas; y tampoco que Pedro Sánchez ha sido determinado presentando una moción que dejó sin capacidad de reacción a sus adversarios políticos, que no enemigos, ya que esos los tiene dentro de su partido.

Y, con todo ello, pueden ocurrir varias cosas: una, que Rajoy dimita, el Gobierno del PP se quede en funciones y, tras la ronda de consultas del rey, un grupo parlamentario reúna la mayoría suficiente para gobernar; dos, que la moción prospere y Sánchez se convierta en presidente del Gobierno el mismo lunes; y tres, la opción más improbable, que la moción decaiga y Rajoy siga de presidente. La incógnita está a punto de despejarse.

Otra cuestión que una se plantea es, si Rajoy dimite, ¿quién le sustituirá?: ¿Soraya, Cospedal o Ana Pastor? Esta tercera candidata parece que es la que más le agrada a Rajoy, pero con este último nombramiento el PP perdería la mayoría de la Mesa en el Congreso y, tal como está el panorama, el PP no puede arriesgar.

Y llegados a este punto, es bueno recordar a quién beneficia esta iniciativa: si no hubiera prosperado, a Rajoy, porque le hubiera dado un pase para el final de la legislatura, al lograr el respaldo del Congreso; y, sin duda, a Pedro Sánchez, que le ha situado como presidente del Gobierno o, en el peor de los casos para él, como líder de la oposición. ¿Los perjudicados? Podemos, que por entonces estaban a vueltas con un chalé, y Rivera, al que le estropearon sus planes de elecciones anticipadas.

Mientras, los españoles siguen atónitos dando por buena aquella frase de Groucho Marx: «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados». Y en esas estamos, porque de las necesidades de los españoles este jueves en el Congreso poco se ha hablado.