Franco y otros embalsamados

BELÉN MOLLEDA. PERIODISTA
Imagen del Valle de los Caídos.
Imagen del Valle de los Caídos.
EP

Lenin quería ser enterrado con su madre en San Petersburgo y ahí está embalsamado y expuesto en un mausoleo en la Plaza Roja de Moscú a la vista de miles de personas que a diario guardan cola para verlo. Hasta ahora, en Rusia se pasa de puntillas por esta situación a todas luces anómala. Otro caso: Evita Perón. Su cuerpo pasó toda una serie de avatares, algunos macabros, durante años hasta que finalmente descansó en paz. No sabían qué hacer con ella. Evita tampoco solicitó que la conservaran. Y llegamos a España, donde tenemos a nuestro embalsamado: Franco, a quien se le trató para que su cadáver se mantuviera al menos los tres días que estuvo expuesto. Ahora más vivo que nunca, estamos a vueltas con él.

No hay constancia de que pidiera ser enterrado en el Valle de los Caídos, fue una decisión del Gobierno de entonces y es probable que El Pardo, junto a su mujer, se acerque más a sus últimas voluntades. Me da igual. He de reconocer que no me preocupa dónde está inhumado el dictador, quizás porque he tenido la suerte de vivir en democracia y/o porque mi atención la acaparan asuntos más mundanos.

Sin embargo, si su traslado contribuye a que cicatricen heridas, bienvenido sea, teniendo en cuenta, además, que existe una Ley de Memoria Histórica, que lo ha aprobado el Congreso y lo avala el Supremo. El único pero que pondría es si es oportuno trasladar estos restos a diez días de las elecciones. Probablemente, no. Solo por el mero hecho de que alguna mente pensante pueda tachar esta decisión de electoralista se debería haber evitado esa coincidencia. Ha estado 44 años sin moverse, podía haber estado un mes más... Todo en aras a la reconciliación. ¡Claro!

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