"España necesita algo más que una simple investidura. Necesita un gobierno que esté en condiciones de gobernar". Esto no lo dijo Sánchez, sino Rajoy hace tres años –el 29 de octubre–, cuando inició su discurso de investidura tras unas segundas elecciones, en las que fue elegido presidente gracias al PSOE. Una tiene la sensación de un déjà vu electoral, pero sustituyendo PP por PSOE, y Cs por Podemos. ¿El resultado? Probablemente el mismo.

Existe un Casado que encabeza un partido que se desangró tras irrumpir Vox, casi tanto como el PSOE cuando apareció Podemos; existe un sector del PP a la espera de pedir responsabilidades a su líder en caso de que no cumpla expectativas tras unas hipotéticas elecciones; un Feijóo, al que ya comparé con Susana Díaz, que aboga por un pacto de Estado PSOE-PP, y un guirigay en el PP que recuerda al del PSOE en 2015, aunque más comedido –de momento– (léase Cayetana vs. Alonso). Mientras, Cs está pendiente de un sorpasso –tanto como Podemos en su día– que tampoco se producirá.

Esto ocurre en una España en la que gobierna el PSOE con los presupuestos de Montoro (PP) por segundo año consecutivo, y va camino del tercero (¡quién se lo iba a decir!); en la que se ciernen nubarrones de crisis; y en la que el independentismo catalán sigue vivo –con un Torra que amenaza con una respuesta popular si no absuelven a los presos del procés y con un Puigdemont que aboga por un referéndum–. Todo ello en un contexto internacional con EE UU y China sumidos en una guerra comercial y tecnológica, en la que Europa ni está ni se la espera (bastante tiene con su descabellado brexit) y con un Oriente cada vez más revuelto. ¡Una pena!