En una época en la que Estados Unidos y China pelean por la hegemonía y en la que la UE está redefiniéndose a causa del brexit, en España no tenemos tiempo para mirar fuera de nuestras fronteras porque bastante tenemos con las de dentro; todo ello en un contexto económico de crecimiento que parece que se enlentecerá y ante un empresariado, especialmente el catalán, preocupado y ocupado en que se recupere el seny.

Si no que se lo pregunten a los asistentes estos días a la reunión del Círculo de Economía en Sitges, en la que se alzó la voz para advertir a Torra de la pérdida de poder económico que suponía para Cataluña la fuga de empresas y para que hiciera una "declaración formal" en favor del ordenamiento jurídico como un gesto para facilitar su retorno. ¡Ni por esas! El president se limitó a pedir un referéndum y a decir que su comunidad iba bien.

El PIB aumentó en Cataluña en 2018 un 2,3%, por debajo de Madrid (un 3,7%) y de la media de España, un 2,6%. Desde el 1-O más de 5.000 empresas se han ido de Cataluña, sin que se vislumbre su intención de regresar, entre ellas Planeta, Gas Natural o CaixaBank.

Tenemos a Cementos Molins, de la familia de Joaquín Molins, exportavoz Parlamentario de CiU, cuyo Consejo de Administración acaba de decidir por 13 votos a 1 no regresar a Cataluña en tanto no cambien las circunstancias, una proporción incluso superior a cuando se fueron a raíz del 1-O, con una mayoría de 12 a 2; pero Cataluña va bien.

Barcelona ha pasado de ser en 2015 la 5.ª capital europea más atractiva para invertir a la 9.ª, superada por Madrid, en 7.ª posición, según el último informe de EY..., pero Cataluña va bien. ¿Verdad?