Ha sido este año cuando las tiendas han dejado de regalar bolsas de plástico. Los establecimientos están ahora obligados a cobrar al menos cinco céntimos por bolsa. La medida, aprobada por el Gobierno de España, adapta una directiva de 2015 de la Unión Europea, en la que se instaba a la reducción de su uso, cuyo consumo en el marco comunitario se ha situado en torno a las 100.000 millones de bolsas anuales, tal y como informaba este diario a comienzos de 2017. Las bolsas de plástico, según explicaba la UE, contaminan el medio ambiente y agravan la presencia de basura en las aguas. Son una auténtica plaga para el planeta.

Conscientes de los peligros de la contaminación, los ciudadanos ven con muy buenos ojos esta disposición disuasoria, que los obliga a adaptar sus rutinas de compra, so pena de pagar unos céntimos que más que dolorosos para el bolsillo lo son para la conciencia, pues recuerdan que algo se hace mal.

De las 10 iniciativas europeas por las que pregunta Ulises, el estudio de MyWord para 20minutos –entre las que se incluye el programa de ayudas para instalar wifi gratis en los espacios públicos, la normativa relativa al desplazamiento de trabajadores que obliga a conceder los mismos derechos laborales a las personas desplazadas a otros países que a los locales o el registro de nombres de pasajeros (PNR) que recopila los datos de los viajeros de las aerolíneas para controlar la movilidad de terroristas y criminales–, todas reciben buenas valoraciones pero casi ninguna es tan popular como la ley que obliga a que todas las bolsas y otros envases de plástico sean reutilizables de aquí a 2030. En una escala del 0 al 10, la política con respecto a los plásticos obtiene un notable alto, la segunda nota más alta tras la supresión de los recargos al usar el teléfono móvil en otros países de la Unión Europea (el roaming).

En estos tiempos turbios para la UE, en los que la crisis económica ha mermado la confianza de los ciudadanos en sus instituciones (pese a que solo el 8% de ellos crea que es positiva para la Unión la votación sobre el brexit), las bolsas de plástico nos hacen ver que hay una Europa velando cada día por los intereses de todos, obligándonos a abandonar hábitos dañinos, comportamientos cortoplacistas y egoístas que, por nosotros mismos, nos costaría erradicar. Es la Europa de las bolsas de plástico, la Europa de los consumidores. Esa Europa que, sin mucho ruido, tanto bien nos hace.

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