
En un contexto de recuperación incipiente de la economía, pero en el que la recesión ha dejado profundas heridas, cuatro de cada diez ciudadanos creen que en treinta años las clases medias habrán desaparecido. Es una opinión tajante, que suscriben aún más los propios afectados, aquellos que pertenecen a los estratos medios de nuestra sociedad. Este temor hacia un futuro sin clases medias va acompañado de una visión alarmante, ampliamente compartida, sobre la situación actual: las diferencias de clase en nuestro país son grandes para nueve de cada diez españoles, es decir, para casi todo el mundo.

La mayoría de los ciudadanos se siguen viendo a sí mismos como parte de esa amplia clase media, aunque son menos los que ahora se definen así que en 2007.
De hecho, atendiendo a la percepción subjetiva de la clase social a la que se pertenece, la España de hoy se parece más a la de los noventa que a la del periodo previo a la recesión: en estos años hemos retrocedido dos décadas.
Además, como ha mostrado el sociólogo, Pau Marí-Klose, la división que se ha producido en las clases medias es, en parte, generacional: muchos jóvenes se están quedado a las puertas de las clases medias, mientras que los más mayores han mejorado su posición social.
Ulises desvela estilos de vida marcadamente distintos entre los estratos más protegidos y los más vulnerables, así como también entre los más jóvenes y los más mayores. Irse de vacaciones es tres veces más frecuente entre las clases altas que las bajas, como lo es también ir al dentista por necesidad o controlar el gasto en electricidad o en otros suministros de la vivienda.
Seguir una alimentación variada y equilibrada es el doble de frecuente entre los estratos altos de la sociedad que entre los más bajos. Igualmente, son los más jóvenes los que compran marcas más baratas para ahorrar, los que menos pueden dedicar dinero a actividades de ocio, como ir al cine o al restaurante, los que menos pueden comprarse ropa, aunque no lo necesiten, y los que más tienen que vigilar de cerca sus gastos diarios.
Las clases medias, malamente, resisten pero la recesión ha dejado una sociedad más dual. El drama es que, en esta España poscrisis, muchos jóvenes han caído del lado de los que están peor.
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