Los días 1 y 2 de junio, el Parlamento Europeo abrió sus puertas para recibir a más de 8.000 jóvenes llegados de todo el continente. Sus sueños, propuestas e ilusiones llenaron de vida los pasillos, las salas de comisiones, los sets de televisión y hasta el hemiciclo.

A lo largo de esta tercera edición del Evento Europeo de la Juventud (#EYE2018), los eurodiputados tuvimos la oportunidad de conocer, de primera mano, qué preocupa, qué importa y qué mueve a nuestros jóvenes. Y es a ellos a quienes, por medio de estas líneas, quiero dirigirme una vez más. De manera muy especial, a los que no pudieron participar. Porque todos —y paso ya al estilo directo— sois importantes para la Unión Europea, y todos estáis llamados a ser protagonistas de lo que sea en el futuro. Un futuro que, para vosotros, empieza hoy.

Veréis: para vuestra generación, la Unión Europea es el marco de referencia, la realidad objetiva. Los nacidos en los 90 y principios de los 2000 os habéis hecho mayores como ciudadanos europeos. Y así, habéis podido disfrutar de lo que significa la ciudadanía europea: el derecho a vivir, estudiar y trabajar en 28 países, la libertad para viajar sin necesidad de visado y la seguridad que da saberse parte integrante del mayor proyecto de paz que ha existido jamás en el mundo: la Unión Europea.

Por fortuna, vosotros no habéis tenido que vivir sin ella. Los que contamos con algunos años más, sin embargo, sabemos lo que es carecer de los derechos que tenemos por el simple hecho de ser ciudadanos europeos. A pesar de ello, el populismo, el nacionalismo y, en definitiva, el antieuropeísmo, parecen no tocar techo.

Por eso, yo creo que la enfermedad más grave que sufre hoy Europa es la falta de memoria. Los populistas y nacionalistas no quieren reconocer que la Unión Europea es la responsable y garante de nuestra paz, libertad, seguridad y bienestar, porque no quieren recordar que lo que tuvimos antes de ella fue enfrentamiento, miedo y opresión. Y no quieren reconocer que las prácticas que están adoptando ciertos países y ciertas regiones no son muy distintas de las que se pusieron en marcha en los años 30; precisamente, porque no quieren recordar que los años 30 culminaron en tragedia, en genocidio, en la peor de las guerras.

Sus posiciones, contrarias a los valores que inspiraron la propia Unión Europea, nos han llevado a cometer varios errores en estos últimos años. Por ejemplo, con los refugiados. La crisis migratoria nos pilló desprevenidos y reaccionamos tarde; no salvamos tantas vidas como nos hubiera gustado. Sin embargo, en cuanto comprendimos la magnitud de la tragedia, la Unión Europea se puso firme y pudimos salvar muchas vidas más. En concreto, desde 2015 han sido rescatadas más de 620.000 personas en el Mediterráneo —gracias a la Unión Europea—.

Es cierto: no ha sido suficiente. Pero ha sido más, incluso, de lo que habríamos podido hacer si desde las instituciones comunitarias no hubiéramos actuado con valentía. Recordemos que hay países que se han negado a acoger a un solo refugiado. Que han olvidado que ellos, hace no tanto, también fueron refugiados.

Y los jóvenes, que no lo recordáis pero que sabéis de la trascendencia de estas cuestiones precisamente porque habéis estudiado Historia, tenéis muy claro qué Europa no queréis y qué Europa sí queréis. No en vano, los 8.000 que os representaron a todos en el #EYE2018 vinieron a exigir una Europa más justa, más solidaria y más inclusiva. La Europa, en definitiva, que todos los europeístas deseamos y que, en ocasiones, no hemos sabido hacer realidad.

Los participantes también presentaron propuestas para acabar con el paro juvenil y la exclusión social, así como para proteger mejor el medioambiente, encauzar la globalización o reforzar las normas de protección de datos, para que escándalos como el de Cambridge Analytica —por el que Facebook dejó desprotegida la información de 2,7 millones de europeos— no se vuelvan a repetir.

Los eurodiputados les escuchamos. Es más: los que estábamos, tomamos nota. Y los que no pudieron estar, la tomarán en otoño, cuando las mejores #IdeasParaEuropa sean presentadas en las comisiones parlamentarias. Nos hemos comprometido a que vuestras propuestas, las que representan a la juventud europea, se traduzcan en políticas comunitarias más ambiciosas.

A cambio, durante el #EYE2018 yo pedí a los jóvenes que estaban allí que también se comprometieran a una cosa. Y hoy, a través de estas líneas, os lo pido a todos los demás: id a votar en las elecciones europeas. A quien queráis, al partido que mejor represente vuestros intereses particulares, pero votad. Porque la democracia europea os necesita para mantenerse viva, y porque además es el derecho más bonito que podéis ejercer como ciudadanos europeos.

Con vuestro voto el año que viene estaréis decidiendo qué Europa queréis, y quiénes deben ser los encargados de hacerla realidad. Desde el Parlamento Europeo haremos todo lo posible para que dispongáis de toda la información necesaria antes de ir a votar. Intentaremos que haya el máximo número posible de debates entre candidatos, que los partidos políticos sean más transparentes y que las campañas lleguen a todas nuestras regiones.

El sábado clausuré el #EYE2018 con esta llamada a la acción democrática. Aunque, quizás, lo más importante que les dije a los jóvenes que inundaban Estrasburgo con su entusiasmo europeísta fue esto: no desistáis en vuestra lucha por lo que es correcto, no agachéis la cabeza ante las injusticias, trabajad siempre por el bien de la sociedad... y no abandonéis jamás los valores europeos. Porque los valores europeos reflejan lo mejor de nosotros mismos: que somos libres, iguales, demócratas, solidarios y tolerantes. Y, por el contrario, lo peor de nosotros mismos se muestra cuando renunciamos a estos valores.

Así, queridos jóvenes, me vais a permitir que termine esta carta pidiéndoos sólo una cosa más: jamás dejéis de ser europeos. Porque, mientras vosotros sigáis siendo europeos, nuestra Unión seguirá existiendo y siendo el mejor lugar del mundo en el que vivir.