A estas alturas, todo el mundo tiene una opinión sobre la casa que Pablo Iglesias e Irene Montero se han comprado, con el dinero que han ganado honradamente, en un pueblo a 40 kilómetros de Madrid e hipotecándose cada uno en unos 270.000€ a 30 años.

Hay quien defiende que esto es "incoherente" con querer un país más justo en el que todas las personas tengan una vida digna y luchar por ello. Hay quienes pensamos, en cambio, que este planteamiento es profundamente reaccionario, ya que niega la posibilidad de tener un buen sueldo y una buena vivienda y ser decente al mismo tiempo.

Hay quien saca a relucir un tuit en el que Pablo Iglesias critica a un ministro de Economía comprándose un ático para especular, ahorrándose un millón de euros por el estallido de la burbuja y unos pocos meses antes de que el Gobierno del que él formaba parte le subiera los impuestos a este tipo de operaciones. Hay quienes contestamos, "claro, alma de cántaro, lo mismito es".

Pero, más allá de lo que cada uno opine sobre este tema, la clave está en preguntarse si perseguir y acosar familias es legítimo en democracia.

Es muy duro lo que acabo de escribir y acabas de leer, pero es una descripción precisa de la realidad. A Pablo e Irene les han perseguido fotógrafos cuando han ido al supermercado o a pasear a los perros. Les han perseguido hasta el hospital y han publicado en el tabloide de extrema derecha de Eduardo Inda fotos de la ecografía de sus futuros hijos. Han vendido por 15.000€ a este mismo tipo, socio de las peores cloacas del Estado, fotos de Pablo e Irene en la casa mientras circulaban por los grupos de whatsapp de toda España la dirección exacta de una vivienda en la que pronto habitarán dos bebés. Han investigado a los padres de los dos y han publicado sus fotos y sus patrimonios… y no sigo porque tengo límite de palabras.

Todo esto es una táctica muy vieja y muy conocida. Umberto Eco la llamó "la máquina del fango" y Berlusconi la utilizó con notable éxito contra los jueces que perseguían la corrupción. En pocas palabras, se trata de generar falsos escándalos para destruir reputacional y personalmente a los adversarios políticos… especialmente si sus intenciones pasan por mejorar las condiciones de vida de la mayoría aunque eso suponga reducir el poder y los privilegios de los que mandan.

Porque el acoso y la persecución a Pablo Iglesias e Irene Montero es por formar parte de un proyecto político concreto. ¿O acaso conoce la opinión pública las caras de los padres, la ecografía de los futuros hijos, el tipo de interés de la hipoteca o la dirección exacta de Mariano Rajoy, Albert Rivera o Pedro Sánchez? ¿Verdad que no?

Es duro escribirlo, pero es verdad. Lo que hemos visto en los últimos días son las cloacas y sus sicarios en algunos medios de comunicación lanzando un mensaje muy claro. Un mensaje que imposibilita y destruye el sistema democrático: "Contra Podemos, todo vale. Ya has visto lo que le hemos hecho a Pablo y a Irene. No te metas en política, no protestes, deja las cosas como están. O el siguiente podrías ser tú".