Resuelta su investidura con la abstención del PSOE, la única incertidumbre que se cernía sobre Rajoy eran los escándalos de corrupción del PP, bien por la agenda judicial prevista (juicios en casos ya conocidos, pasos procesales...), bien por la posibilidad de que surgiera alguno nuevo. Ha surgido, y es gordo, con un Ignacio González que fue presidente autonómico, secretario general del PP en Madrid y miembro de la dirección nacional del partido, y que parece que robaba para sí mismo y para el PP. El caso es un arsenal lleno de bombas, muchas de ellas -el sumario es secreto- quizás aún por estallar. Bombas judiciales de los corruptos y bombas políticas de los que les habrían ayudado a superar "los líos". Rajoy aún tiene estabilidad, con un Ciudadanos que aprieta pero no ahoga y un PSOE aún desnortado, pero si el caso arroja más bombas pueden abrírsele al presidente vías de agua de efecto rápido. Pasó en Murcia, hace nada.

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