El largamente anunciado choque de trenes empezó a producirse finalmente este miércoles y seguirá en los próximos días, por lo que aún no tenemos parte exhaustivo de víctimas. Pero sí tenemos ya dos víctimas muy relevantes. Una, la política, gravemente herida y por las dos partes del conflicto –los independentistas y el Gobierno central–, que no han sido capaces de abordar y resolver –¡y mira que han tenido tiempo!– un problema muy serio y bastante antiguo: el encaje de una parte de los catalanes en el proyecto común de los españoles. La segunda víctima, la democracia, con pronóstico por ahora reservado, lo es por obra de los independentistas, que han creído que su aspiración es tan legítima y superior que pueden saltarse impunemente el Estado de derecho en su conjunto: desde la Constitución al Estatut, desde el derecho internacional a las normas básicas del Parlament.  ¡Tristes días, y vendrán otros quizá más tristes!