Muy Sr. mío:

De todas las cosas que se han dicho y se han escrito sobre el “process” y sus alrededores –y mire usted que se han escrito y se han dicho cosas- lo suyo me ha parecido lo más triste, lo más cruel, lo más desequilibrado. Sus palabras no ha tenido casi trascendencia y apenas se ha comentado, pero a raíz de la devolución de las 44 (en realidad 43) obras de arte a Sijena –devolución de la que tampoco estoy seguro habiendo mediado una compra anterior al parecer ilegal pero compra al fin- ha dicho usted textualmente lo siguiente: “Puede ser que a la gente de Aragón les pase factura, porque hay servicios que presta Cataluña a los aragoneses de forma desinteresada y generosa y que se paga, como el servicio sanitario, pero podría ser que nos lo repensáramos”.

Me parece tan desmedida su amenaza, señor Borrell, director de los Servicios Territoriales de Cultura de la Generalitat en Lérida, que sólo la puedo achacar al calentón del momento porque si de verdad piensa usted seriamente que Lérida podría llegar a negar la asistencia sanitaria a los enfermos aragoneses que habitan en la Franja por culpa de la devolución de las obras de arte, me resulta, sencillamente, ruin. No hay nada que valga más que la vida de un ser humano y jugar a “repensar” esa asistencia médica a cambio de un retablo, entra de lleno en lo despreciable. Me parece tan desmedida su amenaza, señor Borrell, que sólo la puedo achacar al calentón del momento

Y eso se lo digo, señor Borrell, sólo desde el punto de vista humanitario y sin entrar a valorar si “el servicio que ahora presta Cataluña a los aragoneses” lo hace de forma “desinteresada y generosa” o realmente es un convenio entre las comunidades y Cataluña cobra a Aragón por prestar esos servicios. Pero incluso si no fuera así –que no creo- me parece de pésimo gusto resaltar en esta situación la “generosidad y desinterés” de nadie en temas tan serios como la salud de la gente.

Mire señor Borrell, este país y todas sus instituciones incluidas las sanitarias, existen porque mi padre, seguramente como el suyo, trabajó toda su vida -en Lérida entre otros sitios-  lo mismo que leridanos trabajaron en Madrid o Sevilla. A mi padre le seguí yo y usted al suyo cotizando para mantener un sistema universal de salud excelente que se está viniendo abajo por culpa, entre otras cosas, de que aún hay gente que cree que tiene en propiedad el estado del bienestar que entre todos hemos construido y que ahora, descentralizado hasta el ridículo, ha llegado a lo que usted ha expresado con palabras. ¿De verdad va a “repensar” si operar o no el corazón de un aragonés en Lérida? Repiense mejor lo que ha dicho y tenga la valentía de reconocer que no estuvo afortunado.

Confiando en su rectificación le saludo atentamente

Andrés Aberasturi