Con el escándalo sexual y financiero de algunos destacados miembros de la multinacional sin ánimo de lucro Oxfam Intermón, vuelven a moverse las turbulentas aguas fecales que, desgraciadamente, inundan los sótanos de algunas fundaciones y ONG, y hieren casi de muerte a tantas otras que luchan por mejorar el mundo con honradez y de una forma transparente.

El caso de Oxfam resulta especialmente llamativo porque las orgías en Haití de algunos de sus dirigentes son algo que repugna sin más a la inmensa mayoría de los seres humanos. Pero siendo eso gravísimo, sería injusto acusar a todos de lo que tal vez han hecho unos pocos. Lo que pasa es que a raíz de semejante descubrimiento empiezan a salir cosas, más acosos de menores y la advertencia de que los pedófilos están "alistándose" en las organizaciones de ayuda humanitaria con el único fin de "tener acceso a los niños más fácilmente". Pero todo esto, insisto, es un asunto ajeno a los fines de la las fundaciones y ONG que proliferan en el mundo; son desviaciones de conductas personales.

El otro problema, igual de preocupante, es el negocio que mueve la internacional de la caridad y que se destapa muy de vez en cuando. No hace falta más que recordar lo ocurrido en España en una de las asociaciones más importantes hace años, ANDE, o lo que pasó en la muy agresiva Anesvad. Terminaron sus directivos ante los tribunales. El propio caso Nóos utilizó una ONG para niños discapacitados como tapadera para evadir dinero a paraísos fiscales. Pero quisiera llegar a más, a algo que no es ni escándalo sexual ni robo ni estafa. Y hablo de grandes organizaciones que tienen todo el apoyo de instituciones nacionales e internacionales que cuentan con aportaciones de particulares pero, sobre todo, reciben de gobiernos y grandes fundaciones una buena suma de dinero porque parecen tener la garantía de su honradez. Y tal vez lo sean, siempre que se entienda por honradez algo tan mínimo como no robar. Pero no me basta con eso, hay algo más que, sin llegar a apestar, no huele nada bien en muchas de estas instituciones.

Los sueldos, las infraestructuras, las sedes, las flotas de coches, las lujosas reuniones y todo lo que rodea a estas multinacionales está muy lejos de representar el verdadero espíritu de lo que yo entiendo deberían ser. Es un derroche escandaloso y absolutamente innecesario, y conozco a muchos voluntarios que entraron con buena voluntad y salieron escandalizados de lo que consideraban el lujo impropio que imperaba en las altas esferas (y hablo en concreto de Unicef). Es sabido que el director general de Oxfam en el Reino Unido, Mark Goldring, cobra un salario cercano a los 140.000 euros anuales. ¿Es el sueldo moral en una institución que denunciaba que "los aumentos de la productividad de las empresas solo parecen afectar a los salarios de los altos directivos"? Mi respuesta es no.