Uno intenta bucear en los gráficos oficiales, que resultan si no optimistas, sí demasiado complacientes y tranquilizadores sobre el presente y el futuro de las pensiones. Pero uno ve también a los jubilados manifestando su ira –y participa en ella– en las calles y se da cuenta de que los datos van por una parte y la realidad, por otra. Debería ser imposible, pero es así. Si de algo no podemos alardear en España –y hay varias cosas–, es de nuestras pensiones, y no vale disimular haciendo difíciles comparaciones con el salario mínimo o el sueldo medio, porque si se compara, lo que debería sacarse en limpio es que el sueldo medio, el salario mínimo y las pensiones de los jubilados son un desastre, y comparar desastres no parece la mejor solución.

Los datos de la Seguridad Social correspondientes al mes de septiembre reflejan una gran disparidad en la estructura de ingresos de los pensionistas jubilados. Mientras que casi el 40% percibe más de 1.100 euros mensuales, otro 26,5% apenas ingresa al mes entre 500 y 700, por lo tanto, prácticamente la mitad. Eso son cifras, y si 1.100 euros mensuales, lo que cobran de media menos de la mitad de los jubilados, no es un ejemplo tranquilizador, imaginen lo que es tener cada mes para vivir entre 500 y 700 euros (y en muchos casos bastante menos) en una España en la que el paro juvenil es excesivo y la pensión del abuelo (la de la abuela o no existe o es aún más baja) ayuda al sostenimiento de los hijos mientras se encarga de los nietos.

Naturalmente no es este un tema nuevo. Como casi siempre desde hace años se viene anunciando el crac del sistema de pensiones (un sistema piramidal que es el típico de las estafas pero avalado por el Estado), y con la llegada de la crisis el crac parece que está a punto de romperse definitivamente. Y aquí no caben soluciones ni utópicas ni ridículas: no vale prometer una subida de pensiones importante cuando se sabe que no hay dinero para hacerlo ni cabe que nos sigan mandando la estúpida carta oficial con el famoso aumento, y casi sarcástico, del 0,25% que ya se ha comido la subida de la luz en el primer mes.

Naturalmente yo no tengo la solución, pero desde los avisos del profesor Barea hace ya muchos años, hasta los expertos de nuestros días saben lo que va a pasar si seguimos con las manos cruzadas y haciendo de esto una lucha partidista. Recomendar a los jóvenes parados o mileuristas planes particulares es casi un insulto. Tirar de la hucha de las pensiones hasta casi vaciarlas, un disparate. Acusarse en el Congreso, una pérdida de tiempo. Los jubilados son de todos, y todos deberían buscar soluciones. Tal vez ahora, cuando les ven por la calle y saben que son una bolsa de votos fundamental, se tomen más en serio un problema que es absolutamente grave e indigno de un país como España.