Desconocido señor norteamericano amante y poseedor  de armas y tal vez dado de alta en la poderosa Asociación Nacional del Rifle:  

Permítame decirle que no le entiendo, señor. Y le puedo asegurar que intento remontarme a la herencia de sus antepasados que ustedes mismos han inmortalizado en las infinitas películas de vaqueros en el salvaje oeste, en las leyes inglesas que les dejaron, en la Segunda y en la Novena enmienda de su Constitución que es la que defienden no ya a capa y espada, sino a tiro limpio usted y sus amigos. Pues sigo sin entenderlo. No entiendo esa pasión y mucho menos aún que usted se sienta orgulloso de poder tener en su casa un arsenal y no dude en enseñar a sus hijos, ya desde pequeños, a disparar con toda clase de armas de fuego de venta prácticamente libre en su país.

No entiendo esa pasión y mucho menos aún que usted se sienta orgulloso de poder tener en casa un arsenal

Es que parece que no solo no escarmientan, sino que están dispuestos a volver a un pasado que los países civilizados del mundo ya han superado. Ahora su Senado ha aprobado la suspensión de una disposición tan elemental como era impedir que personas con problemas mentales puedan comprar armas y que impulsó el expresidente Barack Obama. Nadie en esos hipermercados paramilitares donde se puede elegir entre un arsenal de posibilidades te va a preguntar casi nada: solo se trata de pagar y llevarte la posibilidad de matar debajo del brazo. Y claro, luego pasa. Pasa que cualquiera se sube al tejado de un colegio y empieza a disparar hasta que la policía le mata a él. Y pasa que otro entra en una hamburguesería y abre fuego contra todo el mundo hasta que la policía le mata a él. Y pasa que el gurú de la última secta se encierra con no sé cuántas personas – muchas, niños– y termina a balazos dejando un reguero de horror y salvajismo hasta que alguien le mata a él.

¿De verdad cree usted que está más seguro por tener una pistola? ¿De verdad piensa pese a todos los estudios que la pena de muerte disminuye la criminalidad? Puede que lo crea porque sus hijos también lo van a creer gracias a sus enseñanzas. Pero, mire: la civilización consiste en todo lo contrario, en estar a favor de la vida y en establecer un orden que no le obligue en el siglo XXI a vivir como en el salvaje Oeste.

Ustedes en EE UU tienen muchas cosas admirables, pero, créame, aunque le importa un bledo, que ni la pena de muerte ni el derecho a dejar armas de fuego en manos de cualquiera se puede justificar moralmente por muchas enmiendas que presenten. Hay enmiendas que deberían ser enmendadas, y no solo no lo hacen, sino que las resucitan.

Con tristeza y miedo, se despide, Andrés Aberasturi