Seguramente hay un millón de formas de empañar un éxito, pero la formidable jornada del 8M no se merece el ‘Breve decálogo de ideas para una escuela feminista’ redactado por la conocida artista, investigadora y educadora Yera Moreno junto a la profesora de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid Melani Penna.

A ver; que dos feministas expresen sus opiniones, me parece perfecto, faltaría más. Que su decálogo para lograr una ‘escuela feminista’ pase por prohibir el fútbol en los recreos por ser competitivo y sustituirlo por ‘salas de baile’ podría ser una idea. ¿Descabellada? Para ellas no y por tanto respetable. Que se prohíban también  las lecturas obligatorias de autores ‘misóginos y machistas’ como Javier Marías, Pérez Reverte y hasta el mismísimo Pablo Neruda cuyos 20 poemas de amor una cancion desesperada les parece a estas señoras lo peor de los peor, ahí ya empezamos a entrar en un conflicto grave. Porque lo de sustituir el baile por el fútbol, pues no sé; pero eliminar a estos tres autores (entre otros) ya empieza a entrar dentro del surrealismo censor. Claro que, ya puestas, también proponen destrozar definitivamente la gramática y el lenguaje machista usando el femenino para hablar o el género neutro con la «e», por ejemplo, ‘todes’. Ya no portavoces y protavozas, nada de miembros y miembras, nada de todas y todos: directamente ‘todes’ y así no hay lío.

Claro, todo esto –y muchas cosas más que afirman en su ‘Breve decálogo…’ no dejaría de ser una anécdota si la cosa quedara ahí, en las sugerencias tal vez pelín exageradas -no sé, me parece a mí- de dos entusiastas de la cosa que dan un paso más hacia lo que para ellas debe ser la igualdad. El problema que yo veo aquí es que el famoso ‘Breve decálogo…’ lo ha asumido ¡la propia Federación de Enseñanza de CCOO! que lo ha recogido y editado en un cuadernillo de diez páginas que titula «Ideas para una escuela con perspectiva de género: haciendo de la escuela un espacio feminista».

No me resulta fácil imaginar –pese al éxito que está teniendo la historia de Billy Elliot- al viejo fresador de la Perkins Hispania contemplando arrebatado como su hijo Marcel hacía un gracioso ‘arabesque’ e incluso un difícil ‘assemblé’, dicho sea todo esto con el mayor respeto por los bailarines y bailarinas que en el mundo son y por un devoto del ballet.

Yo creo que se nos está yendo un poco todo de las manos. Lo del ‘arabesque’ lo he sacado como anécdota porque he sido compañero de Marcel Camacho y la verdad, no le veo ahí, pero es lo de menos y hasta estaría muy bien enseñar danza en los colegios (también fútbol). Pero destrozar la gramática, inventarse palabras neutras y prohibir a escritores, eso ya pasa de castaño a pardo. No andan los sindicatos muy sobrados de simpatizantes y quizás no sea este el mejor camino para aumentar la afiliación.