Estimado señor:    Usted, que vive en Pontevedra y comparte la patria potestad de sus dos hijos con su exmujer, pensó hace unos meses practicar con los niños algo parecido a lo que luego se plasmaría en la película Perfectos desconocidos. El argumento muestra una cena de varias parejas que ponen sus móviles sobre la mesa con el pacto de compartir todo lo que llegue a esos teléfonos durante la velada.

A diferencia de lo que ocurre en la película, su proposición no afectaba a quien proponía el juego; es decir, a usted.

Su hija de 9 años aceptó la sugerencia, pero no así el hermano mayor, también menor de edad, que se lo contó luego a su madre.

Su exesposa le denunció por invadir la intimidad de los niños, pero la Audiencia Provincial de Pontevedra le ha absuelto, en sentencia firme, entendiendo que usted tiene la obligación de velar por los menores, formarlos y educarlos.

Sin embargo, a mí me preocupan algunos detalles. Por ejemplo, el hecho de que una niña de 9 años ya maneje un teléfono móvil; y que dos progenitores litiguen entre sí con los hijos de por medio. Pero también que se haya pensado sólo en la intimidad de los menores y no tanto en la de quienes les escriben; incluida, en este caso, la madre. Me preocupan que una niña de 9 años ya maneje un teléfono móvil

Por otro lado, una de las primeras emociones que experimentan algunos niños es la vergüenza, reflejo de un cierto temor a salir de su zona de comodidad y exponerse ante otros. Tras un ataque de timidez, los adultos suelen decir de ellos «es que es muy vergonzoso». Pero eso muestra precisamente que los menores sí valoran un espacio de intimidad y reserva (distinto, por supuesto, del que defendemos los adultos).

Los jueces le han dado a usted la razón, insisto; pero, más allá de lo legal, los demás debemos entender que en un caso así se requiere mucho tacto.

Cuando a un niño se le va a entregar un móvil, los padres han de matricularle antes en una importante asignatura doméstica: para explicarle ventajas y peligros; para formarle de modo que no se vuelva dependiente del aparato; para alertarle ante acosos o contenidos inconvenientes.

Un buen trabajo preparatorio y una respuesta adecuada por parte del menor quizás vuelvan innecesario ese acto tan desconfiado de hacer que le abra su móvil. Se evitaría así que nadie, ni siquiera un padre o una madre, invadiera el terreno en el que los niños aún están jugando con la vida; el tiempo en el que sienten vergüenza por cosas que no son vergonzosas.

Le deseo mucha suerte en ese empeño, si fuera el caso