La orina del enfermo sigue siendo muy preocupante. Este dicho castizo define perfectamente el estado del Real Madrid, metido de lleno en una crisis de juego y de confianza. Una fe que parte del estadio Santiago Bernabéu, palco incluido, ha perdido en Julen Lopetegui y en muchos de los jugadores del primer equipo.

Hasta que Marcelo marcó el segundo gol al Viktoria Pilsen, e incluso después, la grada, el banquillo y los jugadores tenían el corazón en un puño porque los checos llegaban y asustaban. Lopetegui hizo un cambio para mejorar la ubicación del equipo, Valverde por Isco, y se encontró con una paz en el juego del equipo que podría parecer ideal para los malos tiempos que esta viviendo el equipo. Pues no.

Ni con el 2-0 reinó la tranquilidad. La afición del Bernabéu, que en Champions League suele ser amable, se mostró hostil en muchos momentos antes del 2-0 y con el 2-1 la perrita cazó aún peor. Más de un jugador y el entrenador están sentenciados. A los jugadores señalados les llegará la hora al final de temporada y al entrenador, en el primer medio tropezón. La situación es muy complicada para toda la plantilla. Florentino Pérez lo tiene clarísimo: no quiere más miradas de ¿amigos? buscándole en el palco para hacerle gestos de ¡ya está bien!

El presidente, que viene de una época dominante, no soportará ni un día más que a ‘su’ equipo le bailen y asfixien todos los rivales. La agonía del Madrid es tan grave que ni la victoria de la Champions refuerza la fe en un grupo que salió despedido de su casa entre pitos y miles de decibelios de la megafonía que intentaban ocultar el enfado general, palco incluido.