No sé muy bien cómo empezar esta carta porque lo políticamente correcto me tiene hecho un lío: ¿Querida mujer? ¿Compañera? ¿La mitad de un mismo mundo? Da igual, ponga lo que ponga puede ser discutido pero eso no importa hoy. Sólo quería felicitarte y felicitarme por el éxito de tu huelga que no puede ser la mía porque yo, hombre, no vivo tus problemas, aunque los comparta, de forma que sería un atrevimiento injusto pretender ser algo más que espectador de tu manifestación y comprometerme a unirme a ti en una lucha que nunca debió existir porque los derechos –y las realidades, que no son la misma cosa– nunca debieron favorecer a unos sobre otros.

Pero este es el mundo que heredamos, el mundo en el que crecimos y fuimos educados y es inútil buscar coartadas en el pasado que justifiquen lo que de ninguna manera se puede justificar. Este es el mundo que mi generación dejó en herencia y que tratamos de que fuera un poco más justo, más alejado de los tics machistas de los que –incluso con la mejor voluntad y no sé si con algún éxito– tratamos de desprendernos los que hoy somos abuelos. Algo hemos hecho aunque no es ni mucho menos suficiente. No pretendo con esta carta, mujer, entonar un fácil mea culpa para quedar bien ante la audiencia; es más, te confieso con la misma sinceridad del párrafo anterior que no hubiera puesto mi firma en el Manifiesto porque no lo suscribo en su totalidad, en su literalidad. Pero aún discrepando de ciertos matices, globalmente me parece justo y necesario.

Los antropólogos podrán explicar el origen del gran error pero desde entonces han pasado muchos siglos y no hemos sido capaces de enmendarlo. El problema debe estar en la unidad porque cada día, la vida, el mundo se pararía tanto si se parasen las mujeres como si se parasen los hombres porque todos somos necesarios aunque es verdad que sin ti, mujer, el mundo no sólo se pararía sino que se despoblaría poco a poco. La maternidad –libremente elegida– nunca debería ser un problema sino todo lo contrario: algo a proteger por el bien de todos. Llega el fin de semana y aún seguiremos hablando unos días más de una jornada que tal vez se pueda considerar histórica. Pero el lunes habrá que volver al trabajo y los que mandan en la cosa pública y en la privada se quitarán el lazo morado de las chaquetas y el problema es que tal vez sólo lo han llevado ahí y sólo por un día. No sé si hay que legislar más o mejor porque sobran leyes y falta realidad. De lo que estoy seguro es de que tenemos que cambiar muchas conciencias para caminar juntos hacia un futuro justo.