Vuelta a casa

Sarah Morris  Corresponsal británica en EspañaOPINIÓN
Tercer lugar para la emblemática plaza londinenses que cuenta con 131 apariciones. Es el espacio europeo que queda en un lugar más alto.
La emblemática plaza londinense Trafalgar Square.
Pixabay/dele_o

Paseando por las calles de Londres la semana pasada tuve sensaciones contrapuestas. Todo ha cambiado y a la vez nada. Estuve allí por última vez en noviembre 2019, embarazada de cuatro meses, celebrando el 70 cumpleaños de mi padre y abrazando y brindando con mis hermanos, mis primos y mis tíos. He vuelto un año y siete meses más tarde, en la época Covid y con un bebé de 14 meses a punto de echar a andar, para que conozca a sus abuelos Morris, a sus primos y tíos.

Al llegar desde España, que sigue en la lista ámbar del gobierno británico, mi hijo Alejandro y yo tuvimos que hacer cuarentena en casa de mi hermana. Salimos después de seis días y cuatro PCRs, 500 euros más pobres, pero con el sol acompañándonos. Pisando la calle pregunté a mi hermana: “¿No hay que llevar mascarilla?”. Al bebé le resultaba tan sorprendente cómo a mi. Sentado en una terraza, el pequeño seguía con su mirada y una sonrisa las caras de todos los que pasaban.

Las mascarillas no son obligatorias al aire libre en el Reino Unido, pero sí dentro del transporte público salvo que estés exento. Sin embargo, durante un viaje a casa de mis suegros en un vagón bastante vacío, vi a dos personas con la mascarilla bajada. “Muchos entran sin mascarilla y me dicen que tienen asma cuando les digo que tienen que ponérsela”, me contó un dependiente de una tienda.

Alejandro y yo ganamos nuestra libertad el mismo viernes que los británicos estaban enterándose por la prensa de que el gobierno aplazaba por cuatro semanas el llamado Día de la Libertad. “Un mes más de llevar estas malditas cosas", se quejaba el hombre que tocaba la guitarra en una sesión de música donde mi hermana y yo llevamos a Alejandro. El músico cambió la mascarilla por un visor claro para que los niños le vieran la cara cantando.

Además del final de llevar la mascarilla, el Día de la Libertad supondría el de otras reglas como las limitaciones de reunirse con no convivientes. Todavía no puedo hacer una gran fiesta para mi hijo, ni presentarle a todos los parientes de una familia grande (mi padre tiene cinco hermanos), pero una serie de pequeñas reuniones en el exterior es mucho después de un año de reuniones virtuales.

"Hay muchos abrazos aunque nadie sabe si darlos o no. Salvo los niños, yo soy la única de la familia que sigue esperando una dosis de la vacuna"

“Llevo tiempo esperando abrazarte”, contó la abuela Morris a Alejandro. Dos de mis tíos de Newcastle, en el norte de Inglaterra, también vinieron a vernos. Fuimos a un pueblo de Sussex para visitar a una pareja de amigos mayores, que también estaban deseando ver a Alejandro. Hay muchos abrazos aunque nadie sabe si darlos o no. Salvo los niños, yo soy la única de la familia que sigue esperando una dosis de la vacuna. Mis hermanos menores tienen una dosis y nos da más tranquilidad que los cuatro abuelos están inmunizados.

Mi sobrino de cuatro años parecía empeñado en llenar a Alejandro con todos los abrazos y besos que no ha podido darle antes. “Te quiero, bebé Alejandro,” le decía varias veces al día. Pronuncia el nombre perfectamente, que no es el caso de algunas de las personas más mayores de la familia.

Tras de dos semanas, Álex tuvo que despedirse de sus primos y volver a su otra patria. Esperamos volver pronto, en cuanto las restricciones no hagan un breve viaje tan costoso. Mientras estábamos allí, la ex primera ministra Theresa May, todavía diputada, dijo que las actuales restricciones a pasajeros eran “incomprensibles” dado el éxito del programa de vacunación. Insiste que el Reino Unido estaba “quedándose atrás” respecto a la Unión Europea y la reapertura de los viajes internacionales.

Pero la variante Delta de la Covid-19 preocupa mucho. Ha hecho crecer de nuevo los casos del virus en el país, poniendo el índice de reproducción de la enfermedad entre los más altos de Europa. De vuelta a Madrid, en el aeropuerto, toman la temperatura del bebé. Ya estamos en casa.

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