Versiones intoxicadas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha presidido este martes, en el Palacio de la Moncloa, la foto de familia de su nuevo Ejecutivo, tras la remodelación ministerial que desveló el pasado sábado.
La foto de familia del nuevo Ejecutivo de Sánchez.

Si algo define a la acción política es la exposición mediática de quienes participan en ella. Solo algunos extraños especímenes pasan por la actividad pública ocultándose de los focos de forma deliberada. Los demás están en política para que se sepa que están y en la esperanza de que, llegado el momento de marcharse, se recuerde que estuvieron. Pero, además, quieren ser recordados para bien, y no como alguien que ocupó un cargo con limitada gloria e ilimitada pena. Pero eso ¿cómo se consigue?

En los últimos días hemos asistido a un entretenido espectáculo de ministros y otros altos cargos destituidos por el presidente del Gobierno, que han ocupado sus primeras horas como personajes defenestrados en intoxicar a periodistas en el intento de ver en sus medios el relato más favorable a sus intereses. Por ejemplo, que no se ha tratado de una destitución, sino de una decisión personal debido al cansancio, a motivos personales o a que la tarea encomendada ya se acometió con el éxito esperado. Por supuesto, nadie quiere aparecer ante los ojos de los ciudadanos como quien mereció el cese por su incapacidad para realizar una gestión adecuada de los asuntos públicos.

El problema para este grupo de recién destituidos es que suelen tener intereses contradictorios, porque la versión que beneficia a uno suele ser la contraria de la que beneficia a otro. Así, mientras se aseguraba que determinado alto cargo había recibido la carta de despido por ser un cuerpo extraño al gobierno y al partido en el poder, se filtraba por otro lado que, en realidad, era el defenestrado quien habría pedido al presidente ser pasado a retiro en lugar de ocupar un cargo de mayor ringorrango que se le ofrecía como recompensa por sus desvelos de estos años junto al jefe.

"La política debería tener mucho de gestión, pero tiene demasiado de postureo"

Como apunte colateral, otra de las personalidades que ha perdido pie en esta crisis ha trasladado a sus prójimos una verdad diferente: que fue él/ella quien forzó al presidente a ejecutar una decisión distinta de la que tenía prevista, para que así quedara en la historia quién mandaba más cuando ambos destituidos aún disfrutaban del peso de la púrpura en sus elegantes despachos.

La política debería tener mucho de gestión, pero tiene demasiado de postureo. Nadie quiere quedar mal y todos están dispuestos a batallar hasta el último aliento por algo tan vano, pero al parecer tan imprescindible, como quedar bien. O, a modo de añadido, para satisfacerse viendo cómo el enemigo íntimo, y antiguo compañero de labores gubernamentales, queda peor. Las venganzas se sirven frías, dice el refrán. Pero en la actividad pública, por lo que se puede apreciar, toda venganza ejecutada en caliente y a la vista de todos sabe mejor.

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