Adanismo

Ayuso y Sánchez, en campaña.
Ayuso y Sánchez, en campaña.
EFE

Un error muy común, así en la vida como en la política, es pretender que todo empieza a partir de uno mismo, que nada importante había ocurrido antes de que uno llegara. En los últimos años, han florecido en España los adalides del adanismo. Son personajes que tienen un alto –altísimo– concepto de sí mismos. Sienten una irremediable tentación de despreciar todo aquello que estaba antes de que ellos aparecieran en el horizonte, y se tienen en tanta consideración que ocupan el día en la impaciente espera de que el mundo les dé las gracias. Yo, mi, me, conmigo.

Pero las urnas de Madrid han dictado algunas sentencias. Cada cual analizará la que le corresponda en primera persona, salvo que la egolatría se lo impida. Una muy principal es la sufrida por aquellos que han infravalorado a sus rivales. Las derrotas, especialmente las más dolorosas, ocurren cuando se cae en el error de despreciar las capacidades del otro, de creerse superior. 

Es cierto que Madrid no es España. Igual de cierto es que lo que ocurre en Madrid influye en España de modo determinante

Y cuando se da por seguro que determinados territorios –municipios o distritos– y determinados grupos sociales –clases medias y bajas– son propiedad de determinados partidos. Esa superioridad moral se ha demostrado muy injustificada. Solo hay que echar un vistazo al resultado de las elecciones barrio a barrio para constatar cuál es la realidad política en este momento concreto.

Ahora, quienes han visto derrumbarse sus aspiraciones en las urnas, nos aseguran que nada de lo ocurrido en Madrid se puede extrapolar al conjunto del país. Es cierto que Madrid no es España. Igual de cierto es que las cosas que ocurren en Madrid influyen en España de un modo determinante

Y solo hay que percatarse de la intensa atención con la que se han seguido estas elecciones madrileñas en el resto de las comunidades autónomas, de las muchas comparaciones que se han hecho en estas últimas semanas entre cómo se ha gestionado la pandemia en Madrid y cómo se ha hecho en otros territorios o por el Gobierno central o, incluso, en otras regiones o países de Europa. Cada cual tiene su propia opinión, pero también ha quedado clara cuál es la opinión de la inmensa mayoría de los madrileños.

No, Madrid no es extrapolable. Pero Madrid ha provocado ya la salida del Gobierno central de un vicepresidente segundo y, por tanto, una remodelación del Gabinete; ha causado un destrozo en el PSOE; varios ministros involucrados en la campaña han entrado en fase de descrédito –Marlaska o Reyes Maroto, por ejemplo–; el presidente ha perdido su aureola de invencibilidad; alguno de sus asesores ha perdido su imagen de infalibilidad; un partido –Ciudadanos– se ha acercado al abismo; y un líder político de mucho renombre ya no es líder político. Madrid da mucho de sí. 

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