Jaume Barberà  Periodista

Vergüenza

Los precios de la luz siguen en máximos históricos.
Los precios de la luz siguen en máximos históricos.
Getty Images/iStockphoto

Mientras Moscú y su sátrapa Putin practican en Ucrania el modelo de guerra de destrucción total que perpetraron en Siria, continúan los lamentos de los mandatarios europeos por el encarecimiento de la energía que podría traernos la tan temida y corrosiva estanflación. Y eso lo único que hace es demostrarnos que han sido incapaces de hacer previsiones en función de lo que pudiera hacer Putin, más o menos lo mismo que hicieron con la pandemia: ir a remolque de los caprichos del virus.

Por ejemplo, si estaba claro y meridiano que las sanciones a Putin las iba a convertir el tirano en chantaje energético, lo propio hubiera sido tener preparadas medidas correctoras de los precios para evitar castigar hasta la asfixia económica a sectores tan importantes como el transporte, la pesca y la logística, por no hablar de las empresas y de los ciudadanos en general. Sus señorías europeas dicen que se lo mirarán a final de mes. Ya les aseguro yo que, si fueran mileuristas, hace tiempo que lo hubieran hecho.

Es una auténtica desfachatez lo que está ocurriendo con la electricidad. El oligopolio español de las eléctricas ganó 6.500 millones de euros el año pasado. ¿Les han oído ustedes decir que van a reducir beneficios para intentar rebajar, en la medida de lo posible, el recibo de la luz?

El oligopolio español de las eléctricas ganó 6.500 millones de euros el año pasado. ¿Les han oído ustedes decir que van a reducir beneficios para intentar rebajar, en la medida de lo posible, el recibo de la luz?

El pasado lunes, La Vanguardia, informaba de algo tremendo, de verdad, terrible. Resulta que “pacientes renales desisten del tratamiento sustitutivo domiciliario por el incremento del precio de la electricidad que consumen los aparatos de diálisis”.

La Federación Nacional de Asociaciones para la lucha contra las Enfermedades de Riñón afirma que la calidad de vida de los pacientes que deciden dejar de ir a los hospitales para seguir el tratamiento en sus casas mejora mucho. Pero mientras que en los hospitales no tienen que pagar la electricidad, en sus domicilios, sí, y no pueden. ¡Vergüenza!

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