Un escenario de pesadilla

Encarna Samitier  Directora de '20minutos'
A su máxima capacidad, el recinto ferial puede acoger hasta 5.000 camas
A su máxima capacidad, el recinto ferial puede acoger hasta 5.000 camas
EFE

Se nos ha venido advirtiendo estos días de que debíamos prepararnos para lo peor. Pero era muy difícil estar preparado para el escenario dantesco que ha encontrado el Ejército cuando ha procedido a realizar, entre otros múltiples servicios realizados estos días terribles, la desinfección de las residencias de ancianos. En algunas de ellas, según informó este lunes la ministra de Defensa, Margarita Robles, los militares han encontrado ancianos en estado de abandono… e incluso algún cadáver.

Hemos visto estos días cosas que no hubiéramos imaginado en las peores pesadillas: IFEMA, recién desembalados los montajes del mejor arte contemporáneo mostrado en ARCO, convertida en gigantesco hospital de campaña, con una celeridad y eficacia admirables, en un trabajo coordinado del Ejército, la Comunidad de Madrid y el personal de la Feria. Hemos visto los hoteles habilitados como hospitales. Y el Palacio de Hielo de Madrid, transformado en morgue. 

Pero el abandono terrible en el que han pasado sus últimos días estos ancianos golpea de un modo tremendo, nos refleja ante el espejo como una sociedad que tiende a despachar con una frialdad pasmosa lo que concierne a las personas mayores.

En el estadio de negación colectiva que precedió al estallido de la catástrofe, se ha repetido que el coronavirus era letal “solo en las personas mayores” y “con patologías previas”. Esa es la verdad de la estadística, pero la insistencia dejaba un regusto amargo. Detrás de cada persona mayor o con patologías previas, hay un nombre y unos apellidos, una dignidad, una vida

La ministra aseguró que se actuará con todo el peso de la ley con los responsables de este criminal abandono, a los que repudian también los responsables de los centros que cumplen su labor de atención con cariño y profesionalidad. Así debe ser. 

Ahora la prioridad es frenar los contagios, atender a los enfermos, dotar de medios al personal sanitario que se bate el cobre en primera línea, poner el foco en tantos gestos de civismo y de solidaridad. Abrir la puerta a la esperanza y reconstruir los daños de todo tipo que está causando la pandemia. Pero deberá haber un tiempo para revisar las grietas colectivas que el terremoto ha sacado a la superficie.

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