¿Tiene futuro la televisión? Una eterna pregunta que hace cuatro décadas ya se supo contestar

Pilar Miró en Televisión Española, donde tanto creo e incluso supo vislumbrar el futuro televisivo y cinematográfico
Pilar Miró en Televisión Española, donde tanto creo e incluso supo vislumbrar el futuro televisivo y cinematográfica.

"La televisión pronto llegará, yo te cantaré y tú me verás. Vísteme bien que voy a transmitir, que no hace falta tener buena voz, hay que lucir bastante el figurín". Premonitoria la letra que cantó Lolita Garrido a finales de los años 40, cuando ni siquiera había asomado la tele en España. Hoy la televisión celebra su día cuando dicen que tiene un futuro incierto porque está cambiando la dinámica del consumo tras la popularización de las plataformas bajo demanda y otras redes sociales de vídeo. 

Pero la realidad es que, desde su nacimiento, la televisión siempre ha estado en un proceso de cambio. Nunca ha dejado de evolucionar. Está acostumbrada a adaptarse a las circunstancias, a evolucionar a tono del espectador y la tecnología que nos envuelve. De hecho, casi desde los inicios de la tele se aspiraba a la posibilidad de que cada espectador hiciera su programación a medida y que pudiera ver en el momento en el que deseara su serie o programa favorito.

En 1985 el propio director de TVE, José María Calviño, contestó esto a la pregunta de Rosa María Sardá de cuál es el futuro: "la utopía es la televisión a la carta, que cada ciudadano se programe lo que quiera. Todavía no hemos llegado, pero todo llegará". Y sí, llegó. La televisión sabía su futuro. Y sus canales de siempre se complementan muy bien con las plataformas bajo demanda, pues las cadenas clásicas siguen siendo esa vitrina en la que lanzar grandes formatos al estrellato como acontecimiento social que se consume en colectividad y que, además, conectan a la audiencia con lo relevante que sucede en directo. Mientras que, a la vez, las plataformas bajo demanda necesitan la producción de las teles tradicionales para ser más competitivas en cada país. 

En esta misma conversación, el mismo Calviño pronosticaba ante el por entonces cercano aterrizaje de las cadenas privadas que iban a acabar con el monopolio de TVE que: "el aumento de la competencia no trae más imaginación precisamente. Lamentablemente. la industria televisiva, sobre todo la norteamericana, trabaja sobre unas pautas muy seguras y muy rentables y en general las series se parecen bastante unas a otras". Se refería a los seriales 'Dinastías', 'Dallas', 'Falcon Crest' y compañía. No había los algoritmos de los Netflix de hoy, pero ya las teleseries intentaban reproducir los moldes de éxito. Tal vez no hemos cambiado tanto como creemos. Sólo que, a veces, somos olvidadizos y nos acordamos simplemente de lo último como lo más moderno.

Pero, ¿realmente ahora estamos siendo modernos? En otra entrevista, esta vez de Jesús Hermida a Pilar Miró, la que fue una de las grandes directoras de TVE reflexionaba sobre que "A los niños de hoy les da igual ir al cine o no, pero porque están acostumbrados a ver ficción permanentemente en casa". Era el 19 de enero de 1981. Faltaba cuatro décadas para el aluvión online de consumo de series y otro tipo de formatos. Y el debate era muy parecido al de la actualidad.

Miró y Calviño fueron esos directores de Televisión Española que convencían porque argumentaban con conocimiento de causa. Se mojaban, aportaban. Incluso osaban en adelantarse al futuro, entendiendo las necesidades de cada pantalla y lo que hace especial a cada manera de emisión. Así ya comprendían que la evolución de la tecnología haría posible un día la televisión 'a la carta' y que no iba a matar a la televisión tradicional, igual que la televisión no acabó con la radio o el cine. Aunque ahora parezca que las series lo fagociten todo. Sólo hay que saber cuidar los valores que diferencian a cada entorno audiovisual del resto de maneras de consumo. Así Miró recalcaba a Hermida: "Una de las magias del cine es ese poder del aislamiento que, por ejemplo, no tiene la televisión". Esa cualidad sin rival a la que se suma el consumo en grupo. La emoción, la carcajada o los sustos no se sienten igual en la individualidad del visionado en una tablet que en la colectividad de una sala. El pensamiento de Miró sigue más vigente que nunca, en un presente lleno de distracciones en aplicaciones en el smartphone. En la sala del cine es uno de los pocos lugares que te obliga a apagar el móvil o mirarlo casi a escondidas. Lo que propicia que no pierdas la concentración y permita a los autores experimentar con la pantalla grande como ya no pueden en otros soportes. 

Entonces, ¿la televisión tiene futuro? La televisión mantiene su vigor como ventana al mundo en directo y motor de evolución social, tanto para el ciudadano como para el creador. La tele democratizó la cultura en sus múltiples variables. Su función es crucial para un país más informado, más creativo, más emprendedor, más despierto, más libre. Seguirá vigente si sabe leer los nuevos tiempos, como hacían Calviño o Miró. Porque, al final, la tele es relevante cuando se atreve a tomar el pulso a su sociedad . No se queda paralizada ante lo nuevo, apuesta por autores con mirada osada y, como consecuencia, sigue conectándonos. Porque ahí está la clave de su éxito masivo: siempre nos ha conectado. Incluso cuando no teníamos conexión a la red.

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