Democratización del porno

Sònia Guerra  Diputada, portavoz de Derechos Sociales del Grupo Parlamentario Socialista y Secretaria de Políticas Feministas del PSCOPINIÓN
Porno
La industria del porno mueve millones de euros.
Charles Deluvio, UNSPLASH

Pornhub tiene más de 42.000 millones de visitas al año. 115 millones diarias. Sus beneficios periódicos solo en publicidad superan los 3.000 millones de euros. En España, la edad media del inicio de consumo de pornografía es a los 14 años.

Afirma Rosa Cobo que la pornografía es la pedagogía de la prostitución. Y es cierto. Ambas prácticas cosifican y mercantilizan el cuerpo de las mujeres y lo desposeen de subjetividad política. Ambas son instrumentos de sometimiento de los hombres hacia las mujeres, TODAS LAS MUJERES, para categorizarnos y reducirnos a meros objetos sexuales o reproductivos (según el gusto, de los hombres, claro), al servicio del sexo dominante. Ambas prácticas son violencia machista.

Así es, pornografía y prostitución se sostienen y perpetúan en el tiempo debido a la violencia machista intrínseca en el sistema patriarcal. También a la existente en el sistema capitalista. La esclavitud del siglo XXI a la que se ven sometidas las mujeres pornografiadas y/o prostituidas se basa en dos categorías: sexo y clase. No es casual que la industria del sexo se circunscriba a las mujeres más vulnerables, aquellas que tienen menos recursos, aquellas que por no tener, no tienen ni el derecho a tener derechos.

En las dos explotaciones, las mujeres son engañadas, captadas, raptadas, violadas y ultrajadas. Sus explotadores son los proxenetas, pero también los puteros. Sus violadores son los puteros pero también los espectadores pasivos que consienten y legitiman su explotación mientras las ven en directo o diferido, tras una pantalla de televisión o un dispositivo móvil.

El porno se ha democratizado. Lejos quedan ya las Interviú que pasaban de mano en mano entre los adolescentes o los viernes codificados de Canal +. En la actualidad, la industria del sexo es accesible las veinticuatro horas del día, los 365 días del año. Y lo es para todas las edades. Desgraciadamente, los adolescentes se inician en la sexualidad mediante la pornografía, y la consumen a edades cada vez más tempranas. Muchos de ellos tratarán de reproducir en sus relaciones sexuales todo lo aprendido mediante ella, incluidas las relaciones asimétricas entre mujeres y hombres, y la violencia que las legitima.

En la actualidad, la industria del sexo es accesible las veinticuatro horas del día, los 365 días del año

No podemos seguir mirando para otro lado. Las manadas cotidianas nos interpelan a todos y todas. Debemos comprometernos en la lucha contra la violencia machista, sea del tipo que sea, venga de donde venga. Para conseguirlo, debemos trabajar en tres líneas estratégicas: la coeducación a lo largo de la vida y la incorporación de formación afectivo sexual en las aulas, tal y como recoge la reciente Ley Celaá, y prevenir la violencia estructural que sufrimos las mujeres desde la infancia por el simple hecho de haber nacido niñas, tal y como recogemos en la Ley de Protección Integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, que estamos ultimando en el Congreso de los y las Diputadas.

Estos días estoy leyendo PornoXplotación, la última obra de Mabel Lozano. Un libro incómodo, molesto, que sitúa a la mujer prostituida o pornografiada delante del lector o la lectora, como un espejo. Recuerdo el capítulo en el que una joven apenas mayor de edad narraba su primer ‘bukkake’, una práctica en la que un grupo de hombres se turnan para eyacular sobre una mujer. Al finalizar, ella debía ingerir el semen de todos ellos. No pude reprimir la arcada. Tampoco recordar un tuit: “Bukkake para todas esas piradas que nos pintan a todos los hombres como maltratadores en potencia y les gustaría que solo hubiera mujeres”. Lo firma Pablo Hasel. Lo siento pero no. Tras tantos años de sometimiento, tras tanta violencia, tras tanto dolor… no todo vale como libertad de expresión.

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