Ser o no ser española

Sarah Morris  Corresponsal británica en EspañaOPINIÓN
Bandera de España
Bandera de España
EUROPA PRESS - Archivo

¿Si quiero ser española qué tengo que hacer? Soy más cafetera que tetera. Como a menudo tardísimo incluso a las cuatro de la tarde. E ir a cenar una paella es ahora contra mis creencias más profundas. (Cuanto sufro cuando los invitados insisten: “¿Pero porqué no lo cenamos si es un plato muy rico?”!)

Si cambiar las costumbres fuera la prueba para conseguir la nacionalidad española y los familiares y amigos británicos fueran los testigos del cambio, ya tendría el pasaporte español. Pero el Ministerio de Justicia tiene otros criterios para comprobar mi integración.

Hay por ejemplo la “Prueba de Conocimientos Constitucionales y socioculturales de España”. “¿Cuál es la profesión de Penélope Cruz?” se pregunta. “¿Cantante, guitarrista o actriz?” Comprueban que no continuo pidiendo pintas en el bar, preguntándome: “Si compramos una botella de agua de 750 ml, estamos comprando una botella de ¾ de litro, medio litro o un litro?”

Para acertar muchas de las preguntas no hay que estudiar el manual para la preparación. Otras son cómo las preguntas de redactores jefes en Londres y París durante mis años siguiendo los retos de los últimos gobiernos sin mayoría absoluta.

¿Qué pasa, se pregunta, “si los presupuestos del Gobierno no se aprueban en el Congreso de los Diputados antes del día 1 de enero del año correspondiente?” Menos mal que está el manual para estudiar cuantos senadores eligen las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla en las elecciones y menos mal también que no me preguntan temas que sí delatarían al extranjero cómo por ejemplo: “¿Quién es Belén Esteban y porque está todo el día en la televisión?”

A parte de la prueba y la obligación de haber vivido 10 años en España (cinco más que para los españoles en el Reino Unido), hay una prueba de castellano.

Si la prueba fuera que ningún nativo pudiera detectar mi origen anglosajón, lo tendría crudo. Mi “rr” sigue bailando entre el “r” inglés y el francés incluso después de la paciencia y buenos consejos de mi amiga andaluza Paqui. (“¿Cómo imitas el sonido de un motor, por ejemplo?” me preguntó una vez, perpleja, cuando el sonido vibrante no me salía.)

El nivel que se exige es el A2 del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas. La persona: “sabe comunicarse a la hora de llevar a cabo tareas simples y cotidianas que no requieran más que intercambios sencillos…” Paquí no pudo con mi “rr” pero ella y mis otros amigos españoles me llevaron mucho más allá de los “intercambios sencillos”. En 2010, saqué el C2, así que ya tenía un tramite hecho antes de decidir solicitar la nacionalidad después del maldito referéndum del Brexit.

Hay también que reunir mucha documentación incluido un certificado de la policía británica para mostrar que no tengo antecedentes penales. Hubo que solicitar apostillas para los documentos y traducciones juradas del inglés. Lo que más me costó fue olvidarme de los múltiples gastos y sobre todo muchos de los que apoyaron el Brexit, que me han quitado mi ciudadanía europea, hayan solicitado la nacionalidad chipriota para mantener los beneficios de pertenecer a la Unión, según una investigación de Reuters.

"Hice mi petición en enero de 2019 y sigo esperando mi DNI español"

Hice mi petición en enero de 2019 y sigo esperando mi DNI español. Es frustrante que el proceso sea tan lento, solo en parte debido a la pandemia. Pienso en los extranjeros en mi misma situación en mi país natal. Tienen que superar una prueba sobre “La Vida en el Reino Unido”, que el 66 por ciento de los británicos no superaron en un estudio hecho por la Universidad de Essex. Hice el simulacro en un periódico regional:

Las preguntas son bastante parecidas al equivalente español. “¿Qué rey fue ejecutado en 1649?” y “¿Quien fabricó las primeras monedas que fueron acuñados en el Reino Unido?” Superé el examen, pero con una nota más baja que en la prueba española.

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