Los que hablan

Rebeca Marín Periodista y escritoraOPINIÓN
Una imagen de la exposición de León Ferrari en el Museo Reina Sofía.
Una imagen de la exposición de León Ferrari en el Museo Reina Sofía.
R. M.

Acabo de ver una de las obras de teatro más brillantes del último año: Los que hablan, en el Teatro de la Abadía. Malena Alterio y Luis Bermejo, sin apenas atrezo, abordan el grave problema de la incomunicación, o más bien, de la comunicación vacía que nos rodea, que llena el espacio de banalidad y opaca lo trascendente. Puñados de frases huecas, montañas de palabras vacuas que escupimos todos los días, "porque igual que te digo una cosa te digo la otra", "porque esto es como todo", "qué me vas a contar si es que ya me lo has dicho", "porque ¿entiendes lo que te quiero decir, no?".

"Somos incapaces de contestar sinceramente a un simple ¿cómo estás?"

Cientos de días, miles de horas, millones de minutos, miles de millones de segundos que llenamos sin decir nada, pero somos incapaces de contestar sinceramente a un simple ¿cómo estás? Y te das cuenta de todo esto cuando ves la exposición de León Ferrari en el Museo Reina Sofía. De por qué es preferible hablar mucho de nada que, aunque sea solo un poco, de lo importante. Porque cuando hablas de lo sustancial te callan. El artista argentino lo hace, habla de lo que importa y molesta a muchas y muchos. Habla del poder de la Iglesia, de los tabúes del sexo, de la dictadura argentina, de la violencia obscena con la que convivimos cada día. Lo trascendente molesta porque cuestiona, te hace reflexionar, mueve cimientos que no interesa que se te toquen y sostiene sistemas rancios, perpetuados en poderes fácticos y una inercia capitalista feroz.

Ferrari en uno de sus poemas dice: "Comunicarse ¿con quién?, lanzar signos en el aire, Habla, tan solo responde, una música callada". Y yo digo, la cultura puede cambiar el mundo, pero si se la calla… solo se escucha la nada. ¿Me entiendes lo que te quiero decir?

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