Pueblos

Ayuntamiento de Valderredible en Polientes
 Valderredible (Cantabria) una de las poblaciones que participa en 'Mi pueblo lee'
AYTO/Archivo

En realidad, polémicas y memes aparte, el cambio de ministro poco afectará al Ministerio de Cultura y Deportes; con actividades cíclicas que funcionan (funcionarialmente) solas, y tan desprovisto de funciones y de presupuesto que da pena, incluso las mejores intenciones se estrellan contra la realidad.

La última decisión que bajo el paraguas de la Subdirección de Museos Estatales ha tomado el Ministerio de Cultura ha sido la gratuidad de la entrada a los museos de titularidad estatal; catorce en total, sin el Prado ni el Reina Sofía. Se intenta favorecer la visita a perlas menos conocidas como el Cerralbo en Madrid, o el Museo Nacional de Arte Romano en Mérida, obligado si se visita la ciudad. No seré yo quien presente obstáculos al acceso a unos museos que amo y de los que hablo a menudo; pero resulta desalentador el que continuemos con esa tradición de ver en la cultura un tipo de voluntariado para el que la ocurrencia para atraer nuevo público es una gratuidad recurrente. La gratuidad requiere de una inversión pública sólida y constante, que no parece que este Ministerio vaya a plantearse, como no lo hicieron los anteriores.

"Resulta desalentador el que continuemos con esa tradición de ver en la cultura un tipo de voluntariado"

La pelota pasa a menudo a otro plano, el de quien programa a título local o provincial actividades culturales: de nuevo la falta de presupuesto, ese indicador fiel del interés y de la importancia que se le da a un sector, mueve a la creatividad. No queda más remedio. De la necesidad no solo nacen virtudes, sino también genialidades que prueban que la cultura no puede quedarse en un rinconcito aislado cuya puerta gratuita de abre de vez en cuando, sino en una apuesta transversal que integre las distintas lenguas españolas, el diálogo entre generaciones, disciplinas como la gastronomía, el turismo o el patrimonio.

Y con optimismo, por lo tanto, hay que ver las iniciativas que unen la preocupación por el despoblamiento rural con la literatura, la música o el teatro: si bien la tentación de asociarlas a La Barraca de García Lorca es fuerte, ni los tiempos son los mismos ni la población rural se encuentra en la misma situación. El cine ha desaparecido en ciudades y en pueblecitos, pero la tele y las plataformas de entretenimiento se han convertido en moneda común: es el directo de los conciertos, de los recitales y de las conferencias lo que falta fuera de los circuitos tradicionales urbanos, y lo que asociaciones como Mi Pueblo Lee o Pueblos Literarios combate.

La lengua, como el sentir o como la historia, se moldea con la experiencia y con los lugares en los que surge: al fin y al cabo, la geografía española se encuentra salpicada de poetas que vivieron en exilios cercanos, de quienes miraron a Soria, a Zamora o a un diminuto lugar de Guadalajara y escribieron mientras impartían clases a alumnos, recorrían con calma sus paisajes o participaban en batallas donde se dejaron la vida. Nadie ni nada rige eso: no hay museos para ello. Solo necesita la atención, el mimo y la inversión que se le ha negado siempre.

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