Psicodrama en Cataluña

Joaquim Coll  Historiador y articulistaOPINIÓN
Dos niñas camino al colegio
Dos niñas camino al colegio.
GTRES

La querella lingüística en las escuelas de Cataluña tiene fácil solución: se imparte una asignatura troncal en castellano, y punto. Eso y solo eso pide la sentencia que el TSJC emitió en 2014 y que el Supremo ha ratificado al desestimar el recurso de la Generalitat. Una materia troncal en castellano, sola una. No es mucho, la verdad. Este es el polémico 25%, porcentaje arbitrario, sin duda, pero que la justicia ha determinado ante la reiterada negativa de la Generalitat a fijar el uso vehicular del castellano en la enseñanza obligatoria. De 25 horas semanales lectivas en primaria, tendrían que impartirse 6,25 horas en la lengua de Cervantes, y de 30 horas semanales en secundaria y bachillerato, 7,5 horas. Pero para los nacionalistas, y para los que defienden la mal llamada inmersión lingüística, es un “ataque gravísimo e inaceptable” al catalán. Un psicodrama, vaya. Y, claro, el Govern de Pere Aragonès toca a arrebato, llama a incumplir y desobedecer. “El catalán no se toca”, gritan, cuando en realidad lo que quieren es seguir excluyendo a la otra lengua de los catalanes, el castellano, del sistema educativo.

""El catalán no se toca”, gritan, cuando en realidad lo que quieren es seguir excluyendo a la otra lengua de los catalanes, el castellano, del sistema educativo"

Los nacionalistas impusieron una escuela monolingüe por la puerta de atrás, a través de los proyectos educativos de centro, porque saben que es ilegal (lo estableció el Constitucional en 2010). Los contrarios, las familias y las entidades civiles a favor del bilingüismo (que no están en contra del catalán, obviedad que en Cataluña hay que repetir a diario), recurren a la justicia. Pues bien, son estigmatizados y acusados de encender un conflicto cuando sencillamente están defendiendo sus derechos lingüísticos. Es lamentable que gente que se llama de izquierdas, empezando por los sindicatos CC OO y UGT, propague que aplicar ese 25% en castellano significa nada menos que “la ruptura social” y la “segregación” educativa. Un psicodrama, vaya. O que la alcaldesa Colau proponga que los que quieran un poco de castellano se lo paguen en la escuela privada.

Afortunadamente, las cosas están cambiando y el líder del PSC, Salvador Illa, ha dicho que no le parecía mal una asignatura en castellano, además de la específica de lengua y literatura, claro está. Tampoco los socialistas han querido participar en el aquelarre de reunión que organizó inmediatamente el Govern para preparar la desobediencia. Es muy positivo que el principal partido de la izquierda vuelva a los orígenes: favorable a la promoción del catalán sin menoscabo del castellano. Porque una cosa fue la “normalización” del uso social de esa lengua a la salida del franquismo y otra, muy diferente, la “inmersión”, que no es otra cosa que la escuela monolingüe de los nacionalistas. Una aberración pedagógica en una sociedad bilingüe. 

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