Pendientes de la abstención

Un votante deposita un voto en una urna.
Un votante deposita un voto en una urna.
EFE

La participación suele ser un factor decisivo en el resultado de muchas elecciones democráticas. Y probablemente va a serlo en las legislativas catalanas que se celebran mañana. Son muchos los partidos que compiten con una división clara entre los nacionalistas, que propugnan la independencia, y los españolistas que la rechazan.

Bien puede decirse que no se trata del tradicional enfrentamiento entre izquierdas y derechas. Aquí prima la reivindicación secesionista, que une a partidos enfrentados en todo cuanto se debate, pero coincidentes en la pretensión independentista. Para muchos de sus seguidores no existen otras razones, por muy importantes que sean y puedan influir en su vida cotidiana.

Sobre el resultado se ha especulado mucho sin tener en cuenta que todo dependerá del número de votantes, que olviden el miedo al contagio de la pandemia, y acudan a las urnas. Será una cifra doblemente importante, primero porque reflejará el apoyo y el rechazo al independentismo en la sociedad, y segundo, porque de su reparto surgirá después el futuro Govern.

No cabe descartar ninguna sorpresa. El independentismo, que es como una religión con matices sectarios, está convencido de que ganará en el reparte de diputados. Confíe en que sus seguidores no escuchan otras razones que no sean las viscerales que heredaron y les aleja de cualquier argumentación sobre sus problemas que no son capaces de escuchar.

La pandemia es sin duda un elemento que se añade porque lo más probable es que disuada a algunos de acudir a las urnas y mantener contactos con posibles contagiados. Ha ocurrido así en otros países —en las recientes presidenciales portuguesas, por ejemplo– y la incógnita está, en ver como se decanta. Son unas elecciones, de las que se habla mucho sin argumentos claros. Lo que se detectó durante la campaña fue cansancio político.

Hasta la pasada semana se auguraba que el triunfo se dilucidaría entre Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y el Partido Socialista Catalán (PSC) y que al final acabarían entendiéndose. Les acerca la ideología, la historia de sus relaciones, y el buen entendimiento que demostraron en muchas circunstancias de la actual Legislatura. Pero el pacto firmado entre los tres principales partidos independentistas comprometiéndose a no llegar a pactos con los socialistas, lo descarta.

En estas vísperas parece claro que si ganan los secesionistas —ERC, PDeCAT y la CUP— lo normal será que continúe el actual Govern. Si, por el contrario, la mayoría parlamentaria es de carácter españolista, se abrirá una negociación difícil entre los diferentes partidos que podrían formar la mayoría: tanto como unirse para frenar el independentismo, no sería de sorprender que algunos reaccionasen partiendo de sus discrepancias en la política nacional.

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