Pánico a la adversativa

De pie y en primer plano, el periodista y antifranquista español Manuel Chaves Nogales
De pie y en primer plano, el periodista Manuel Chaves Nogales
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"En los periódicos, las opiniones son importantísimas. Pero lo importante es saber provocarlas". Desde luego su autor, Manuel Chaves Nogales, supo hacerlo como pocos periodistas en España. Lo hizo con sus entrevistas a los protagonistas del primer tercio del siglo XX, como Goebbels, o yendo a los escenarios de la noticia, como el Asturias revolucionario, el secesionismo catalán o la Rusia de Stalin. De todo escribió en directo, porque Chaves ‘estuvo allí’ donde había algo que contar… y dejó que el lector opinara solo.

Hemos disfrutado leyéndolo y aprendiendo de sus textos desde que nos dieron noticia de su existencia Isabel Cintas, Andrés Trapiello y Abelardo Linares. Lo aún inédito de sus escritos acaba de emerger con la reciente edición de su ‘Obra completa’ por Libros del Asteroide. Son 3.664 páginas, en cinco tomos y un estuche, listas para hacer las delicias de sus admiradores en confinamientos y navidades.

Entre las novedades figuran perlas periodísticas como la que inicia estas líneas. También, la que reivindica a los cronistas de la periferia por infundir a su obra "un amor y una honradez que son transparencia y luz", por dar "un valor documental, una emoción, que pocas veces se logra con las lucubraciones y las ingeniosidades cortesanas".

Así es precisamente el trabajo de Pablo Ferrer y Laura Uranga, que desde hace tres años nos llevan a través de las páginas de Heraldo por los rincones de Aragón contando historias que despiertan nuestra curiosidad y nos invitan a querernos más y mejor. Cuánta gente discreta, con su afán de cada día, que son más importantes para el conjunto que muchos de los supuestamente relevantes.

Que hayan sido premiados por el Premio Ortega y Gasset, el principal galardón del periodismo español, ha sido una gran alegría: sigue habiendo mucho sitio, y reconocimiento, para el oficio de andar y contar, sin más pretensiones que provocar las opiniones, y no dictarlas.

Un pequeño gran oasis profesional, pese al ruido que genera la primera división nacional, que todo lo polariza. En la asignatura de Historia del Periodismo aprendimos que la prensa independiente surgió para hacer frente a la prensa de partido. Los hechos y los datos y el interés general frente a la ideología, la manipulación y el interés de parte. Santo y seña que ha alumbrado grandes páginas del periodismo español. Hoy, sigue habiendo buenas páginas. Pero causa gran desazón el clima capitalino, donde, como ya escribía Chaves, cunde "la confusión", "sus promiscuaciones", su resistencia a "discernir".

Frente a la luz y la trasparencia de la cercanía, hoy crecen las trincheras. Hace unos días, una corresponsal en España lamentaba cómo el presentador de la tertulia en la que participaba entraba en pánico cuando alguno de los convocados usaba la adversativa –un humilde ‘pero’, un matizador ‘sin embargo’- y desbordaba el espectro político que le había atribuido. Un hemiciclo replicante donde los convidados sólo pueden defender una apertura y tres o cuatro movimientos, y no moverse con curiosidad por los 64 escaques del tablero de la actualidad, la política…. y la condición humana, tan equiparable a izquierda y derecha.

Un ambiente contagiado además por la naturaleza de las redes sociales, pensadas para desatar emociones. Algunos periodistas intentan resistirse y recordar que el periodismo, sustrato de la democracia liberal, no es eso. Sufren el pesar de encontrarse a compañeros encantados de haber hecho de su casilla un buen hábitat, en vez hacerse preguntas, de ser inconveniente… de hacer inútil la prensa de partido porque le hacen el trabajo y donde la propaganda usurpa el lugar de la información.

Necesitamos bombear a fondo y recuperar el clásico "amigo de Platón, sí, pero más de la verdad". Chaves Nogales murió solo en Londres, siendo muy leal a su verdad: "andar y contar es mi oficio…", tras una amarga huida, en la única democracia liberal que no se rinde a Hitler. Leyéndole mientras vas de tertulia en tertulia queda la amarga sensación de que también hoy el gran Chaves Nogales sería expulsado por todos.

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