Espera frustrante

El primer ministro holandés, Mark Rutte; el canciller austriaco, Sebastian Kurz, la primera ministra finlandesa, Sanna Marin; la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el priomer ministro sueco, Stefan Loefven.
El primer ministro holandés, Mark Rutte; el canciller austriaco, Sebastian Kurz, la primera ministra finlandesa, Sanna Marin; la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el priomer ministro sueco, Stefan Loefven.
EUROPEAN COUNCIL / MARIO SAL

Mientras en España e Italia, por citar dos ejemplos, millones de personas —empresarios, autónomos, simples trabajadores— se desesperan pendientes de las noticias de Bruselas sobre las ayudas comunitarias para paliar los efectos de la pandemia y emprender la reconstrucción, la Cumbre Comunitaria continúa demorando una solución. Aunque existe bastante consenso en la necesidad de solidarizarse con los afectados, algunos países —pocos, conocidos como frugales— se han empecinado en poner obstáculos y fijar condiciones drásticas a los beneficiarios para conceder esa ayuda.

Las horas van pasando, las reuniones de la Cumbre comunitaria debaten soluciones en un mercadeo de cantidades donde entre los argumentos financieros o políticos se filtran agravios de imposible aceptación ética. Frases, como la de algún ministro holandés que nos acusa a los españoles de vagos y borrachos, son intolerables, más viniendo de un país donde las prostitutas se exhiben en los escaparates en reclamo de clientes.

Que el proyecto cuente con el patrocinio de Alemania, y Francia, las dos grandes potencias económicas, es sin duda una garantía de que con recortes pactados saldrá adelante.

¿Crees que España debería aceptar un mal acuerdo o esperar a otra Cumbre?

En este tipo de negociaciones hay que exigir y ceder y a España le tocará aceptar la rebaja en 150.000 millones de la cifra inicial de 750.000 a fondo perdido. Aparte, guste o no a la coalición de Gobierno que integran PSOE y Unidas Podemos —cuya imagen exterior despierta reticencias ya es conocido—, tendrá que hacer reformas y aceptar normas imprevistas. La exigencia de unanimidad de los 27 para los acuerdos genera situaciones de esta naturaleza.

La situación crea dos problemas graves: uno es el retraso en la percepción de los fondos que son imprescindibles para que la economía empiece la recuperación que se impone. Y segundo, en el fondo tal vez más grave, su contribución a la división de la Unión. Cada vez son mayores las diferencias existentes entre los miembros, especialmente los del Norte y los del Sur, que dificultan la integración.

No es el caso de momento, pero actitudes tan insolidarias como las que se están viendo por parte de los “frugales” pueden acabar en represalias, creación de grupos disidentes dispuestos hacer la guerra por su cuenta y, en conjunto, a ponerle palos en las ruedas a un proyecto que las incomprensiones y actitudes individuales que ya se vislumbran, en casos como Hungría o Polonia, pueden acabar frustrándole.

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